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Boletín
del
Instituto
Güemesiano
de Salta
Nº
27 – 28
AÑOS
2001 – 2002
INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA
España
730 (ex casa del General Don Martín M. de Güemes)
Teléfono
054 – 0387 – 4215568
(4.400)
Salta, Capital · República Argentina
I·
JUAN CARLOS ROMERO
Gobernador
WALTER RAÚL WAYAR
Vice Gobernador
MASHUR
LAPAD
Vice Presidente 1º de la Cámara de Senadores
SANTIAGO MANUEL GODOY
Presidente de la Cámara de Diputados
GUILLERMO ALBERTO POSADAS
Presidente de la Corte de Justicia
VÍCTOR MANUEL BRIZUELA
Ministro de Gobierno y Justicia
SERGIO CAMACHO
Ministro de la Producción y el Empleo
MARÍA ESTER ALTUBE
Ministro de Educación
ALBERTO DÍAZ LEGASPE
Ministro de Salud Pública
RODOLFO FERNANDO YARADE
Ministro de Hacienda y Obras Públicas
NÉSTOR
JAVIER DAVID
Secretario General de la Gobernación
GUSTAVO
ADOLFO FERRARIS
Secretario de la Gobernación de Seguridad
BERNARDO
RACEDO ARAGÓN
Secretario de la Gobernación de Turismo
INSTITUTO
GÜEMESIANO DE SALTA
(Creado
el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)
I
CONSEJO DIRECTIVO
(2005 – 2008)
ERCILIA NAVAMUEL
Presidente
JORGE VIRGILIO NÚÑEZ
Vicepresidente
FEDERICO NÚÑEZ BURGOS
Secretario General
GRACIELA DEL VALLE MUÑOZ
Tesorero
RODOLFO LEANDRO PLAZA NAVAMUEL
Vocal
NARCISO ÁNGEL FABBRONI
Vocal
FÉLIX RODRIGO BRAVO HERRERA
Vocal
DARÍO WAYAR NÚÑEZ
Vocal
RODOLFO LEANDRO PLAZA NAVAMUEL
Director de Publicaciones
FEDERICO NÚÑEZ BURGOS
Subdirector de Publicaciones
INSTITUTO
GÜEMESIANO DE SALTA
(Creado
el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)
I
CONSEJO DIRECTIVO
(2001 – 2005)
ANDRES MENDIETA
Presidente
ERCILIA NAVAMUEL
Vicepresidente
MARIA MARTA YARAD
Secretaria General
MARTÍN MIGUEL GÜEMES ARRUABARRENA
Tesorero
NARCISO ÁNGEL FABBRONI
Vocal
GUSTAVO GRIFASI
Vocal
RODOLFO LEANDRO PLAZA NAVAMUEL
Vocal
El Consejo Directivo en su reunión del mes de julio de
2003 resolvió instituir un Reglamento de Publicaciones. Solo se publicarán las
disertaciones y artículos inéditos vinculados a los objetivos del Instituto, el
ambiente socio cultural e histórico durante la gesta güemesiana;
a la vida y obra del general Martín Miguel de Güemes y de quienes lo
acompañaron en la lucha por la emancipación americana. La extensión de los
trabajos no debe superar las 25 páginas en papel A4, letra Times New Roman, en cuerpo 11, escritos
en procesador de texto Word 6.0 o compatible. Los mismos se deberán entregar en
tiempo y forma, y se acompañarán en una copia impresa y en diskette.
Deben contener fuente documental y/o bibliografía, citas y notas al pie de página,
numerándoselas en el texto.
Nota: La sola presentación de
los trabajos queda a exclusiva consideración del Consejo Directivo y no obliga
su publicación.
El Boletín N° 28, corresponde a la gestión del período
2002 y 2003, ya que razones presupuestarias impidieron hacerlo anualmente. Se
publican las conferencias, colaboraciones y artículos presentados en dicho período,
más la memoria 2003 del Instituto Güemesiano.
Identificar la metodología científica permite la
permanente búsqueda de la verdad histórica y posibilita etapas desde el planteo
del problema a la formulación de la hipótesis. Siendo importante que el
investigador demuestre su seriedad y responsabilidad, fundamentando con documentación
verídica sus opiniones. El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano seleccionó
el material a publicarse, sin que ello libere a cada autor de su responsabilidad
intelectual y científica, Vale decir, dicha selección no significa que las
opiniones vertidas por cada autor sean, necesariamente, las del Instituto Güemesiano
de Salta.
Prof.
Ercilia Navamuel
Vicepresidente
del C. D.
Nº
27
AÑO
2001
(Presidencia
interina
Luis
Arturo Torino)
HISTORIA MÉDICA DEL NOA:
GÜEMES, BELGRANO Y SAN
MARTÍN
Armando M. Pérez de Nucci ·
El búho de Minerva solo
emprende su vuelo a la llegada del crepúsculo.
Las Humanidades Médicas incluyen, por definición,
a todas aquellas ciencias que hacen al hombre desde la medicina. Son un
conjunto de disciplinas de y para el hombre integral, ser psicobiosocial
y espiritual, cuya meta es la reivindicación de aquel como sujeto y único
protagonista de la ciencia médica.En este contexto
debemos inscribir la labor de especialidades como la Bioética, la Antropología
Médica y la Historia de la Medicina.
Existe hoy más
que nunca una urgencia de las humanidades al decir de Padrón[1]. Considero de vital
importancia esta urgencia, que afortunadamente lleva ya muchos años, porque el
médico se ha ido enfrentando cada vez mas a un proceso de deshumanización
técnica de sus procederes que destruyó a lo largo de
los años la idea clásica que se tenia del hombre y, lo que es pero, la idea
misma del hombre [2].
Un ejemplo
clásico de esta aseveración lo constituye la paulatina constitución a partir
del siglo XIX – tema de nuestro estudio [3] y de esta exposición – de
las denominadas mentalidades en ciencia médica. La mentalidad anatomoclínica buscaba la
lesión anatómica como génesis y sentido de la enfermedad. La mentalidad etiopatogénica el agente microbiano o micótico [4]. La mentalidad fisiopatológica el desorden
energético material. El conocimiento de estas mentalidades es valioso, para
poder recrear cual era el panorama intelectual médico en el período histórico
que pretendemos analizar y como este razonamiento se proyecto en América a través
de los primeros médicos extranjeros que ejercieron en nuestra región, formados
en universidades europeas que instruían en esos aspectos anatómicos, fisiológicos
o etiológicos de la enfermedad.
Pero, el hombre, ¿que lugar tenía en esa
medicina que se jactaba de ser moderna y científica? Ciertamente no se encontraba
en la lesión localizada, ni en el desorden funcional ni mucho menos en el microbio.
El hombre para estas concepciones no estaba en la medicina, no al menos como persona.
Había sido reducido a la condición de cosa y la medicina a una
ciencia cosificada. Era la muerte del sujeto en
medicina y a la postre demostró que ese no era el camino y fue necesario volver
a las fuentes de la historia y la filosofía para crear un cuarto espacio de
intelección, que fue el de la mentalidad
antropológica, la humanitas de la hominitas,
es decir lo que de humano tiene el hombre,lo que lo
hace comparativamente incomparable y dueño de su subjetividad y su intimidad,
traducido en aquel viejo dicho no hay enfermedades sino enfermos y
que transformara en uno de mis textos hace algunos años en algo mas abarcativo al afirmar que no hay enfermedades sino hombres enfermos,poniendo
antes la condición de hombres - gracia de Dios - ya que le enfermedad es una
proyección defectiva del cuerpo o la psiquis y lo que prevaleció siempre fue su
humanidad. Es decir, que se puede estar enfermo transitoriamente pero lo que
nunca sucederá es que se deje de ser hombre. Amenos que medie un proceso de bestialización, claro está.
La concientización por parte del médico ha permitido el
desarrollo de las Humanidades Médicas, que construyen de forma distinta al
hombre desde la medicina. Volvemos así al concepto de homo infirmus
como verdadero protagonista de la Historia de la Medicina, como sujeto substante y suprastante de ella.
Hay dos
posibilidades de encarar la Historia de la Medicina, al menos en nuestra concepción.Una de ella es la que Lain
Entralgo llama humanismo por extensión [5].
Se refiere al que podemos desarrollar mediante la inclusión de la enseñanza de
la Historia de la Medicina en los programas de pre y
postgrado de la carrera de médico. Una materia formativa, que plantea al educando
una serie de cuestiones básicas, que en su momento denominé ideas fuerza [6],
para de allí partir a otros puntos de comparación y desarrollar la capacidad
analítica y crítica, un estudio de las creencia, temores, conflictos, situaciones,
etc. del hombre frente a la idea de la enfermedad y su propia finitud,
integrada en una concepción local y nacional del problema. Lo que denomine
entonces ciencia situada [7].
Por eso, justamente, la historia ha sido recreación
de hechos y actos específicamente humanos, al decir de Pérez Amuchástegui, maestro y amigo de mis comienzos.
Una segunda
posibilidad es la del desarrollo del humanismo por intensión[8],
que implica estudio, investigación, profundidad, buscar el “que” y el
“porque” de las cosas. Es la tarea del investigador, del historiador serio y responsable,
que plasma su labor en trabajos, investigaciones y docencia especializada.Es
el camino del profesional, especializado e instruido para hacer su trabajo y
hacerlo bella y rectamente.
La historia.
Razón de ser de nuestras acciones, recreación intelectual e inteligible del pasado.La historia, que no se repite ni es magistra vitae sino comprehensio vitae, comprensión de la vida. Que tiene
únicamente utilidad para el historiador que la descifra, investiga y comprende.
Pero ese mismo historiador tiene la obligación de cumplir cabalmente con su cometido,
de ser a la vieja usanza romana un vir bonus historia medicinae peritus es decir un buen hombre, experto en
historia de la medicina, libre en proporción directa a su responsabilidad. Por ello,
cuando el historiador de la medicina estudia, investiga y comprende una acción
específicamente humana, también esta midiendo la responsabilidad emergente del
uso de la libertad.
Entender la
historia de nuestro país, de nuestra región, de Salta y Tucumán desde esta perspectiva,
no es tarea fácil. En primer lugar existe un pensamiento argentino acerca de
cómo sucedieron las cosas, fruto de nuestra producción cultural, esfuerzo de
argentino que trabajaron y trabajan con fe en los ideales y realidades de
nuestro país y de cada región. En segundo lugar, se debe tratar de no caer en
el aislacionismo regional, ya que esta comprobado que la autarquía cultural es
una utopía y una ucronía, ya que la cultura incomunicada y defendida
herméticamente de todo lo externo, dogmática y censurada es una aporía también.
En tercer lugar, jamás perder de vista que el hombre es el destinatario y única
razón de ser de nuestra cultura, que reclama para la misma libertad y pluralismo.
Entendida así,
Historia de la Medicina es un recuerdo de lo que ha sido, al
servicio de una esperanza de lo que quizás llegue a ser [9] y ese será el eje de esta
exposición sobre la relación de Güemes con la enfermedad, en el marco de una concepción
médica regional y con el contexto de la lucha por la emancipación.
La región del
noroeste argentino hacia comienzos del siglo XIX carecía, en el aspecto médico,
de las más elementales provisiones y recursos. Es ya conocido que provincias
como Tucumán y Salta debían realizar ingentes esfuerzos para poder cubrir el
cargo de Médico Titular de la ciudad y la prestación de servicios en los
hospitales, cuando estos existían más allá de los papeles.
Los primeros
veinticinco años del siglo XIX marcarían para nuestras provincias una serie de retrasos,
postergaciones y situaciones de necesidad debidas principalmente a la denominada
economía
de guerra [10].Es éste justamente uno de
los puntos de partida que tome para el estudio de la medicina regional porque
pensamos que el retraso visualizado en los sistemas y desarrollo sanitarios del
noroeste, tiene aquí su explicación.
La relación
economía – salud jugó un papel preponderante en el desarrollo de una política
sanitaria que, en la mayoría de los casos fue totalmente inadecuada para las
necesidades de la gente y plagada de desaciertos, surgidos de la falta de efectivo
para la tarea específica o de malversaciones consideradas necesarias en el
momento. El caso de los hospitales de Tucumán es un dato paradigmático: durante
casi doscientos años se recaudaron fondos para su erección y sistemáticamente
los mismos fueron desviados a otros destinos por las urgencias que la realidad
marcaba a los gobiernos de turno.
El enunciado de las Leyes de Indias en el
sentido que... en el medio del real habrá un hospital para asistir a los enfermos
que allí hubieren....fue eso nada más, un mero enunciado que no se cumplió.Otro tanto en lo referido a la atención profesional,
muchas veces demorada cuando no suspendida por falta de recursos.
Es tal el caso
de los hospitales de Salta. En 1650 se encuentra una referencia al hospital...
[11]
cuando se menciona, como en el caso de Tucumán a la figura del mayordomo
de dicha institución, sobre cuya existencia nada se dice. Pero la ciudad había
sido ya fundada en 1582... y Vergara manifiesta que hasta 1659 no se lo había
construido en la primera parte de su libro[12]. Otro tanto manifiestan
los documentos hacia 1795[13].
De los
mayordomos del hospital dice Vergara que se trataba de individuos de
una pasta singular, salvo excepciones... [14]y
que su oficio consistía en percibir el noveno y medio de la participación de
los diezmos, aceptar donaciones en efectivo, géneros y legados... y que
esos funcionarios tomaron esos dineros y los colocaron a interés en personas de confianza...
[15].
Y así la historia continúa...
La historia es similar en Salta y Tucumán. Los fondos periódicamente
eran destinados a otros fines y el ramo del hospital quedaba exhausto, se
reiniciaban las colectas y donaciones hasta engrosarlo lo suficiente y vuelta a
comenzar con lo que hoy llamaríamos malversación
de caudales públicos, es decir su uso para otros fines que no eran los
originalmente designados por los responsables en el gobierno.
La ya mencionada economía de guerra, las
luchas por el poder, las obras públicas no relacionadas con la salud y consideradas
prioritarias, los empréstitos y donaciones sociales
y de necesidad y otras razones, irían postergando las aspiraciones de los
habitantes de contar con un sistema sanitario eficaz o, al menos, que
solucionara sus problemas más afligentes.
Entender esta
situación ayuda a concebir inteligiblemente porque Güemes y Belgrano intercambiaban
conocimientos médicos, consejos y recetas. No solamente debían conducir sus tropas
a la victoria sino además tener los recursos intelectuales necesarios para no
perder hombres a través de la enfermedad. Esa es parte de la historia que
muchas veces los libros oficiales no cuentan de la realidad del noroeste
argentino durante la Guerra de la Independencia:
Sin vestuarios,
sin sueldos y sin otra recompensa que el ejercicio de sus propias virtudes, han
tenido estos heroicos campeones que empeñarse en una guerra prolija y
continuada, teniendo el placer, el honor y la gloria de haber amurallado con
sus pechos la puerta de esta provincia, para que sus hermanos gocen de tranquilidad
y del adelantamiento en sus intereses.[16]
Uno de los elementos que tenemos para
rastrear datos médicos del pasado que nos permitan establecer cual era el perfil
patográfico de determinadas épocas de nuestra
historia es justamente el análisis de la correspondencia y documentos de determinados
personajes, hallándose éstos a menudo disimulados o escondidos entre líneas.
Tal el caso de la correspondencia entre Güemes y Belgrano, que nos permitió
hace unos años un estudio abrir las puertas del análisis de enfermedades, medicamentos
y situaciones que hicieron a la realidad médica de comienzos del siglo XIX en
nuestra región [17].
Ya he analizado con anterioridad este tópico,
con motivo de un Congreso sobre el tema y a raíz de la publicación de correspondencia
del General Güemes por esos años[18],
que me permitió acceder a valiosa documentación e intentar reconstruir nuestro
pasado histórico médico, material que también resultó valioso para la
confección de mi tesis doctoral, presentada justamente el mismo año de la
realización del Congreso de referencia. [19]
Don Manuel
Belgrano y el General Martín Miguel de Güemes mantuvieron un interesante
intercambio epistolar durante los primeros años del siglo XIX que, desde el
punto de vista de la historia de la medicina, permite reconstruir con bastante fidelidad,
aspectos muy definidos referidos a padecimientos, enfermedades, remedios y
costumbres relacionadas con la ciencia médica del mil ochocientos. En este caso,
analizaré correspondencia entre los dos próceres y otros personajes íntimamente
relacionados con ellos, entre 1815 y 1819, y obtenida del texto referido y
actas capitulares.
La medicina de nuestro país a comienzos siglo referido,
estaba influenciada por el pensamiento mundial en la materia - Evolucionismo, Positivismo
-, pero con características regionales y hasta veces locales, que le otorgan
características propias, sobre todo en el noroeste argentino. Estoy formalmente
convencido que, si bien la medicina del Viejo Mundo influyó en forma categórica
en el desarrollo de una ciencia médica autóctona, no es menos cierto que el
impacto que significó la inserción de nuevas técnicas y formas de entender la
enfermedad y su curación provenientes de América, habría de modificar conceptos
europeos que ya tenían siglos de vigencia. Muchos de estos aportes a la vieja
medicina habrán de ser destacados y analizados aquí, intentando resaltar, no
solo nuestra herencia americana, sino también la vigencia actual que la misma
ha tenido en el desarrollo de una medicina tradicional - mal llamada popular por algunos autores - que
todavía constituye la única opción para muchas regiones del noroeste argentino.
La presencia de
la ipecacuana, los bálsamos de Tolú y del Perú, el tabaco, la quina, el cacao,
el maíz y otros tantos aportes americanos en la farmacopea europea de comienzos
del mil seiscientos, demuestran lo verdadero de nuestra aseveración. Ya desde
la época de los primeros conquistadores, se hizo uso de la farmacopea aborigen
y de sus conocimientos empíricos, con buenos resultados. Es que no siempre la
espada estuvo acompañada de la cruz, de los libros o de las batas médicas, como
lo establecían numerosas regulaciones al respecto, la mayoría letra muerta.
El análisis de la correspondencia entre Belgrano y Güemes
demuestra el conocimiento que los protagonistas tenían de la medicina de su época,
que no es más que el reflejo de aquel que los habitantes de la zona poseían.
Uno de los términos que aparecen con mayor frecuencia, es
el referido al denominado temperamento. José Andrés Pacheco de Melo manifiesta a Güemes el 10 de Agosto
de 1815 su queja por la manera que había sido recibido en Potosí por ese elemento,
manifestando que el temperamento me ha recibido con piedras en la mano[20], destacando que el clima le había resultado
sumamente malsano y origen de diversas enfermedades. ¿Cuáles eran las
enfermedades prevalentes por aquellos años en el
noroeste argentino? En primer lugar el paludismo.
Son numerosas las citas que hallamos en los archivos acerca del chucho, las tercianas, las fiebres.La
presencia de estanques y otros reservorios de agua no corriente en muchas zonas
del noroeste, hizo que esta enfermedad fuera endémica hasta mediados de nuestro
siglo, momento en que las campañas nacionales consiguieron erradicar casi
completamente el mal. La presencia del mosquito Anopheles, cuyo hábitat era justamente el agua estancada, condicionaba a la
vez que favorecía la difusión de hombre a hombre del plasmodio causante de la enfermedad.
A esta patología se refería don Juan Diez de Andino hacia el 1700, cuando
afirmaba que el temperamento nocivo producía en la gente un color tan quebrado
que de ellos a los difuntos no ay mas diferencia que andar a pie...
Era corriente el tinte cetrino de la piel por
la anemia concomitante, los accesos de fiebre y el desánimo, cuadro éste ultimo
atribuido con alguna frecuencia a la
enfermedad del susto, una entidad clínica heredada de los españoles pero
que adquirió matices propios en el noroeste argentino, persistiendo hasta la
actualidad[21].
Por otra parte,
los primitivos aborígenes de la zona conocían a la perfección el uso de la
quina - otro de los valiosos aportes que América hizo a la Europa de fines del
mil cuatrocientos - para combatir los síntomas del paludismo, en base a la
observación empírica de sus efectos. El mismo Belgrano refiere en una de sus
cartas que uno de sus oficiales no había podido salir de inspección ese día por
haber sufrido de chucho [22]
toda la noche, manifestando mas adelante que el correo habría de llevar a la
brevedad quina para que se remedien los enfermos [23].El uso de la
cascarilla de la corteza de quina se usaba desde tiempos inmemoriales para
curar cefaleas, fiebre y jaquecas que atacaban a los indígenas con frecuencia.
Otra enfermedad prevalente era
el bocio, sobre todo en su variedad
hipotiroidea [24],
que también ocasiona cuadros de decaimiento, astenia y pereza intelectual. A
esta enfermedad se refería también don Juan Diez de Andino cuando manifestaba
en un informe al Rey de España que he visto unas ynchazones
tan mustrosas que llaman cotos, que aogan a sus avitadores y particular
a las criaturas en quienes se ha reconocido que muchas desde el vientre de su
madre salen con este achaque...[25],
haciendo una lúcida descripción de lo que luego se denominaría bocio
congénito y que habría de ser patología prevalente en
nuestra zona hasta la actualidad.
El panorama se completa con los diversos cuadros
parasitarios intestinales, tan frecuentes hasta la actualidad en nuestra zona,
algunos de los cuales suelen provocar también anemia y decaimiento.
Pacheco de Melo en la referida misiva a Güemes, también
pudo referirse al cuadro que la altura desencadenaba en los no habituados a
ella; tal el caso del denominado por aquellos tiempos soroche, voz quechua que refería las molestias del apunamiento o mal de altura y que científicamente conocemos como mal de Puna o acronausia, consistiendo en una inadaptación del organismo
por falta de oxígeno, que engendra una fisiología y una patología particulares.
El cuadro presente incluye cefalea gravitativa,
pérdida de fuerzas, inapetencia, somnolencia, irritabilidad, palpitaciones, polipnea[26], sintomatología que va en
aumento a mayores alturas y que, como podemos ver en los relatos de la época,
puede causar muchos problemas a los efectivos de un ejército no adaptados a la
zona, siendo el soroche el responsable, según algunos autores, de las derrotas
sufridas por las distintas expediciones patrias que intentaron en diversos momentos
recuperar el entonces denominado Alto Perú.
Su presencia ha determinado el uso tradicional
del masticado de hojas de coca para combatirlo, costumbre muy arraigada en las
provincias de Salta y Jujuy y en menor grado en Tucumán. Se dice que la
costumbre otorgaba una sensación de bienestar y mejoraba los síntomas de la altura,
además de hacer ceder la sensación de hambre. Los documentos de la época
también se ocupan de su comercialización y uso. En efecto, en el Acta Capitular
de Salta del 27 de Setiembre de 1817 se manifiesta
que todos los que introduzcan coca en
esta ciudad paguen un peso por cada cesto, que debía imponerse a este vegetal en
particular que es perjudicial no solamente al cuerpo sino también a la
racionalidad del hombre [27].
El General José de la Serna manifiesta en un
oficio haber secuestrado en un combate con las tropas patriotas ocho
tambores de coca, lo que
demuestra cuan difundido se hallaba su uso por aquellos años [28]. A este respecto, es útil
establecer aquí la distinción entre el cocaísmo, que es el hábito de masticar hojas de coca y el cocainismo que es el consumo de cocaína como estupefaciente.
No se ha demostrado efecto nocivo en el uso del primero, debiéndoselo considerar
una costumbre impuesta por los siglos para combatir los síntomas de la vida a
gran altura y luego difundido popularmente en otras regiones.
Belgrano a su vez, conocía los efectos del medio y las
enfermedades ya comentadas y es así que manifiesta a Güemes que el Dr. Ribero -
uno de los médicos del Ejército - se hallaba enfermo y sería reemplazado por el
Dr. Berdía y que
debía salir a curarse en un buen temperamento[29]
si quería recuperar su quebrantada salud, queriendo significar con esto la necesidad de cambiar de clima,
acepción esta última que también puede adjudicarse en forma general al término temperamento.
También es posible recrear a
través de la correspondencia analizada cuales fueron algunos de los
padecimientos de Belgrano y Güemes. El primero de ellos, demuestra un conocimiento
amplio de diversas enfermedades y de los remedios para las mismas,
probablemente por haber padecido muchas de ellas, dato obtenido del análisis de
muchos de sus escritos, aún desde su estadía en España hasta su periplo
libertador americano.
Así, Belgrano
se permite aconsejar a San Martín en el curso de la enfermedad que le aqueja en
Tucumán, a poco de reemplazar a aquel en el mando del Ejército del Norte. En
efecto, San Martín presenta en la oportunidad vómitos de sangre según los documentos de la época, lo
que le debilita mucho y le obliga primero a retirarse hacia La Ramada para
descansar y luego a abandonar la provincia, dirigiéndose hacia Córdoba a fines
de recuperar mi quebrantada salud, como lo manifiesta el propio prócer
en su correspondencia a Buenos Aires [30].
En esa oportunidad, Belgrano le manifiesta
haber consultado el problema con sus médicos, quienes le habían manifestado que
perder
sangre por la boca no era
nocivo para San Martín, con motivo de haber sobrepasado los treinta y cinco
años de edad, salvo que proviniese de algún golpe[31]. He aquí una relación directa entre
traumatismo y pérdida sanguínea aguda, eventualidad frecuente en las heridas
torácicas de guerra, las que aparecen con cierta frecuencia en los relatos de
los médicos militares de la campaña libertadora argentina. Y el hecho de suponer
que no era peligroso perder sangre por la boca a esa edad, supone la existencia
de numerosos casos de tuberculosis en niños y adolescentes, hecho frecuente en
nuestra zona hasta la actualidad. Lo que no se refiere como posibilidad, y que
fuera la verdadera razón de la hemorragia, era la existencia de una úlcera gastroduodenal sangrante, medicada de allí en más con gotas
de láudano y otros remedios ad hoc.
De todas formas,
es éste uno de los casos en que la enfermedad trabaja para el mejor destino de
la Patria. En efecto, el retiro de San Martín del Noroeste – que por otra parte
él mismo consideraba inconveniente para combatir una guerra frontal - permitió
la puesta en marcha y la realización del Plan Continental, que echaría por
tierra definitivamente con las aspiraciones españolas para con nuestra tierra. Pero
este genial plan de liberación no hubiera podido ser realizado si las espaldas
del General San Martín no hubieran estado cubiertas efectivamente por la labor
de Güemes y Belgrano, que colocaron un cerrojo a las aspiraciones realistas de
ingresar a territorio patriota desde el norte. Es ésta una historia conocida
pero no por ello valorada en toda su dimensión y comentada con la asiduidad y
la fuerza que se requiera. Hubo un San Martín en Chile y Perú porque el
noroeste argentino puso el coraje de sus hombres y los recursos económicos necesarios
para que el prócer de Chacabuco y Maipú pudiese
efectuar con total tranquilidad su tarea libertadora. San Martín reconoció en
diversas oportunidades la labor del General Güemes y sus gauchos.El
12 de Abril de 1818, le manifestaba a Güemes que...hemos triunfado totalmente de los
godos y hemos asegurado la libertad en Chile. Se cuanto agradará a Usted esta
noticia...y el 8 e Junio de 1820 lo designa General en Jefe de la Expedición
del Perú. [32]
He hallado también en la correspondencia analizada,
numerosas referencias a enfermedades de Belgrano, numerosas, de acuerdo al
enunciado de las mismas, que él mismo comunica a Güemes en su intercambio
epistolar de aquellos años.Sabemos que Belgrano era
de naturaleza enfermiza y que por aquellos años se hallaba afectado de su
aparato renal, enfermedad que habría de terminar su vida en poco tiempo.
Del estudio de la correspondencia he realizado
un análisis de las afecciones mas repetitivamente mencionadas:
1.- Afecciones broncopulmonares: aparecen algunas referidas como pestecillas
o resfríos. En una oportunidad, Belgrano reconoce que el estado
de su salud no es bueno y que la presencia de estas afecciones lo agravaba notoriamente.
Es destacable aquí que Belgrano padecía del Mal de Bright
que, entre otros síntomas daba faltas de aire y edemas mas marcados en este
caso en los miembros inferiores, de manera tal que cualquier padecimiento que
restringiera el ingreso de oxígeno a los pulmones - cosa que sucedía con los
cuadros broncopulmonares - lo hacían sentir mal y
agravaban su enfermedad. A este respecto Belgrano le manifiesta a Güemes que no
hay cuidado que baste para los resfríos; ya que la máquina está muy cascada y
no me han quedado mas que las apariencias. Tengo un millón de dolamas y cuando
no hay novedad por un lado aparecen por otro, pero como la imaginación está
ocupada no me acuerdo las más de las veces de mí mismo [33].
En Agosto de 1817 esta pestecilla lo postra en cama por mas de
diez días, refiriendo pasados veinte días de este acceso que bastante
me he mejorado, pero aún no quiere salir del todo la tal pestecilla y lo peor
es que tengo una debilidad suma que me incomoda bastante [34]. En esta descripción se puede comprobar
la aseveración anterior acerca de que las enfermedades intercurrentes agravaban
el cuadro clínico basal de Belgrano y cada vez lo postraban más, quedando en
forma gradual más débil a media que transcurría el tiempo.
En 1819, manifiesta Belgrano estar sufriendo un
fuerte ataque al pecho y al pulmón
en una carta a Güemes, en la que además le pedía disculpas por no poder
escribirle con mayor frecuencia debido a esta enfermedad[35]. Ella debió causarle una
cierta invalidez durante muchos días, ya que hace referencias a la misma en
cartas sucesivas, lo que por otra parte agravaba su cuadro de ascitis con
derrames toráxicos que ya había empezado a causar estragos en su minado organismo.
Justamente uno de los hallazgos de la autopsia de Belgrano realizada en Buenos Aires,
demostró la existencia de un hidrotórax [36] que supongo debió
causarle notorios trastornos respiratorios traducidos en fatiga fácil, disnea[37], y decaimiento general.
Sobre esta misma enfermedad escribe a su sobrino
manifestándole que tengo resentido el pulmón y el pecho y además del muslo y pierna
derecha que necesito me ayuden a desmontar [38].La referencia al edema de miembros
inferiores manifiesta la dificultad que Belgrano presentó para deambular y
cabalgar en sus últimos meses, debido a la afección cardiorrenal
que lo llevaría a la muerte.
2.- Trastornos
de la visión: reconoce Belgrano su existencia al afirmar que mis
ojos están malos, pero mi voluntad hacia Ud. es
siempre y será la misma [39].Ya a comienzos de 1817 había
experimentado lo que él mismo denomina una
fluxión a los ojos, que interpreto como una conjuntivitis simple, que cura
sin secuelas y nada en cartas posteriores hace mención a esta enfermedad, por
lo que es dable suponer que curó sin secuelas. Como antecedente de estos trastornos
oculares, el Dr. Miguel Gorman había diagnosticado en 1800 a Belgrano un
trastorno en las glándulas lagrimales, cuadro al que se refiere con la expresión
principio
de fístula en ambos lagrimales [40].
3.- Traumatismo varios: se
menciona un fuerte golpe de caballo [41]
que aparentemente no deja mayores molestias posteriores en 1816. Un segundo
hecho traumático lo sufre hacia 1818, también por caída de caballo, sufriendo
un feroz golpe que le imposibilita
aún escribir, en parte por el golpe, en parte por una sangría que recibió por indicación médica en esa oportunidad. Este
tratamiento era común en estos casos, suponiéndose que la salida de sangre
aliviaba la presión en el cerebro y las zonas afectadas. La consecuencia mas
frecuente era la provocación de una anemia que demoraba meses en resolverse,
cuando no aceleraba en muchos casos el tránsito al otro mundo. En la
oportunidad que referimos, Belgrano se hallaba tan débil que la carta es escrita
por Fernández de la Cruz[42], oficial del General y
quien reemplazara a San Martín cuando éste deja el mando del Ejército del Norte
para retirarse a la Ramada a reponerse a su vez de aquella pérdida de sangre por la boca, ya referida.
4.- Trastornos digestivos:
en 1819 presenta Belgrano vómitos y trastornos digestivos, probablemente diarreas,
los que son tratados por el Dr. Berdía, manifestando
el paciente su intención de marchar para el Tucumán a ponerme en formal
curación hasta recuperar mi perfecto restablecimiento [43]. Esta afección agravaba el cuadro de
desmejoramiento general, presentando a esta altura de las circunstancias considerable
edema de miembros inferiores e insuficiencia respiratoria con gran fatiga, que
le obligaron a delegar el mando y regresar a Tucumán desde Pilar, iniciando el
ya corto camino hacia la muerte, en un entorno de angustia, desagradecimiento,
padecimiento y dolor que culminarían en Buenos Aires poco después.
En Octubre de 1819, Belgrano solicita al General Güemes
la asistencia del Dr. Redhead, por el que el prócer sentía un gran afecto. La
respuesta del segundo es ejemplar.Destina una suma de
trescientos cincuenta pesos por vía de
viático al médico y lo envía a Tucumán, atento a la nota del Excelentísimo General en
Jefe Don Manuel Belgrano... para que lo cure y asista en la larga enfermedad
que padece. Este médico, también ejemplar en su desempeño profesional,
habría de instalarse en la misma habitación de Belgrano y se ocupó de mejorar,
o al menos intentó mejorar con los recursos a su alcance, la precaria salud de
su paciente. Un Belgrano desfalleciente e imposibilitado solicita a de la Mota
Botello que escribiera a Güemes agradeciendo el gesto de enviar al profesional convencido
y reconocido de su amistad, que ha hecho Ud. cuanto
ha podido hacer en su alivio [44].
Del Dr. José Redhead quiero manifestar que, nacido en Escocia y graduado en
Edimburgo, completó sus estudios de medicina en esa ciudad, resolviendo venir a
tentar suerte en América y arriba a Buenos Aires en 1803, llegando a Salta para
afincarse allí y ejercer su profesión hasta 1812 en que resuelve acompañar a
Belgrano en su camino hacia el sur, participando en las batallas de Tucumán y
Salta y teniendo un papel destacado en la organización de los hospitales de
batalla, llegando a ser uno de los protagonistas de la historia médica de
Tucumán, hecho del que ya me he ocupado al tratar la medicina de nuestra provincia
[45].
Amigo de Güemes y Belgrano,
es una de las figuras médicas paradigmáticas de la época y siempre se sentía en
la obligación de acercar uno al otro cuando diversas circunstancias o individuos
intentaban separarlos, llegando a manifestar por aquel entonces que las
maquinaciones que hubo en Tucumán y aquí para impedir una amistad entre Ud. Y él que si se hubiera logrado como yo lo intenté,
habría salvado al país... [46]
De presencia agradable según los relatos de la
época, su experiencia en medicina de guerra fue fundamental para el desarrollo
de los hospitales de sangre, los de prisioneros y para la atención de los
heridos en el mismo sitio de la batalla. Fue uno de los pocos médicos militares
experimentado en acciones de guerra y su accionar fue prolífico y extenso.Partidario de la teoría de los miasmas, elementos que se suponía contaminaban los alimentos, el
agua y las heridas - el equivalente de los agentes microbiológicos actuales
antes del desarrollo de la bacteriología - propició el hervido del agua destinada
a la bebida, la cocina y el lavado de las manos, consiguiendo con esta simple
medida el descenso del índice de diversas enfermedades relacionadas con el problema
de la contaminación microbiana.
Belgrano le
apreciaba notablemente, llegando a mencionarlo en su correspondencia: anoche
llego Redhead y tengo mis buenos ratos con él... manifestaba en una
oportunidad a Güemes [47].
En 1819,
Belgrano solicita a Güemes la presencia de Redhead por sentirse enfermo de
gravedad. La respuesta es inmediata. Güemes responde al pedido del amigo,
disponiéndose se asigne al médico la suma de trescientos cincuenta pesos en
carácter de viáticos para viajara Tucumán el 5 de Octubre de ese año. Feliciano
de la Mota Botello certificaría la llegada del médico a Tucumán al manifestarle
a Güemes que el General Belgrano iba mitigando sus achaques con
la asistencia de los facultativos, el descanso en su casa y la llegada del Dr.
Redhead, que ha fijado su residencia en la misma habitación..., para
manifestarle mas adelante que Belgrano estaba muy reconocido por el envío del
médico y agradecía a Güemes haber hecho cuanto ha podido hacer en su alivio...[48]
Con esta asistencia de Redhead iniciaba Belgrano su ultimo viaje hacia
la enfermedad y la muerte.
Acompañó Redhead a Belgrano en los últimos momentos de su
enfermedad, siendo su escolta en el viaje a Buenos Aires, tramo que resultara
agobiante para el General quien, a causa de la insuficiencia respiratoria y
renal y de los edemas de los miembros inferiores y la ascitis [49] que lo aquejaban, debía
ser conducido en camilla desde el carruaje hasta el sitio donde debía pasar la noche.
Belgrano moriría poco después, dejando a Redhead su coche y el reloj de oro que
había recibido a su vez como obsequio en Inglaterra durante un viaje diplomático
en 1815.
Después de la muerte del prócer, Redhead regresó a Salta,
donde residió hasta su muerte, acaecida en 1846.
Otros médicos
relacionados con ambos próceres y mencionados con una cierta frecuencia en la correspondencia,
tuvieron destacado papel en la constitución de una medicina científica que
habría de perdurar en nuestra región con valiosos antecedentes.
Uno de ellos
fue el Dr. Manuel Berdía,
quien presto servicios en Tucumán desde 1815 y hacia 1817 se desempeñaba como
Cirujano de Vanguardia de las tropas acantonadas en la provincia. Belgrano le
envía a reemplazar al Dr. Ribero, quien se hallaba enfermo, llevando algunos
medicamentos, no tantos como quisiera, porque estamos escasos de todo... [50].
Durante el
tiempo de ausencia de Berdía, Belgrano asigna a su esposa,
Doña Josefa López, una asignación mensual de veinticinco pesos para su manutención,
a pedido del médico, quien asistiría a Belgrano en su regreso desde Córdoba a
Tucumán ya enfermo y muy decaído, como él mismo se lo expresa a Güemes al comunicarle
que mis
males siguen, aunque hace tres días que he podido suspender los vómitos, con el
cuidado y auxilio de los medicamentos suministrados por el Profesor Berdía...[51].
Mas adelante, hacia 1823, Berdía sería
designado Médico Titular de la ciudad, cargo que desempeñaría honrosa y eficazmente,
llegando a ser Gobernador Delegado en 1826 y Sustituto al año siguiente.
Mariano Vico es mencionado
en una carta de Domingo Puch a Güemes[52], donde le manifiesta que
hizo a Vico, Ramírez y Delgado, que conducen
el parque y algunos enfermos, todo el obsequio que pude.... Este
médico, nacido en Buenos Aires en 1778, fue compañero de otros colegas
militares de la época en el primer curso del Protomedicato. Prestó sus primeros
servicios militares durante las Invasiones Inglesas, integrando a fines de 1813
la comitiva del General San Martín que se dirigía a Tucumán y Salta, para
después desempeñarse en la batalla de Sipe-Sipe. Regresaría a Buenos Aires mas
adelante, falleciendo en 1844.
Matías Ribero o Rivero es mencionado
en tres oportunidades en la correspondencia analizada. La primera de ellas en
relación a un denominado por Belgrano ataque de apoplejía que sufriera
Güemes en 1816 [53].En
esta carta le manifestaba que era necesario consultar con Ribero y seguir un
método en el vivir... como una conducta positiva para mejorarse.Las otras dos menciones se refieren a la
enfermedad de Ribero y a su pedido de ser relevado, enviándose a Berdía a hacerlo [54]. Este médico, también
porteño y egresado del Primer Curso de Medicina del Protomedicato, comenzó
prestando servicios en el Cuerpo de Patricios, para agregarse luego al Ejército
Auxiliar en Tucumán en 1812. Su actuación fue eficiente y valiosa, participando
de las batallas de Vilcapugio y Ayohuma. Según Michel
Ortiz[55], fue el único médico
presente en la batalla de Salta, ya que Redhead y Carrasco se hallaban
prestando servicios en la ciudad, asistiendo a los heridos derivados allí. El
General Belgrano, el 17 de Febrero de 1813, en el parte de la batalla menciona
que también
merece el cirujano del Nº 1 D. Matías Ribero mi memoria y aprecio; las
circunstancias hicieron que se hallase solo en la acción y debo manifestar a V.
E. que no perdió ni un instante en proporcionar a los heridos los auxilios de
su facultad...
En la etapa de intercambio epistolar, Belgrano se
interesó también de manera especial por la salud de Güemes, al punto de
recetarle algunos recursos terapéuticos a veces. Con respecto a los ataques de cólico bilioso que Güemes manifiesta padecer,
aquel le escribe que por aquello de poeta, médico y loco, todos
tenemos un poco, vaya mi receta para el cólico bilioso: lo padecí un verano
entero desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde y no tomaba mas
alimento que agua de agraz helada y helados de agraz. Ud.
felizmente no necesitará de tanto pues que ya se ha aliviado, pero a precaución
un vasito de este helado de este ácido o de naranja o limón todas las noches
después de hecha la cocción y verá Ud. que tono toma
su estómago y como se robustece... [56].
De este texto, podemos sacar algunas conclusiones. La
primera de ellas, la concepción de la enfermedad que se tenía por aquel entonces.
El primer hecho destacable, es el de la extinción del mecanicismo como explicación del funcionamiento del cuerpo humano y
sus distintos sistemas, tendiendo el científico a un vitalismo tardío, que
explicaba las diferentes funciones orgánicas como fenómenos químicos ; es el desarrollo de lo que conocemos como
naturphilosophie del romanticismo germánico ( Schelling, 1797 - 1799 ), un redescubrimiento de las teorías
de Paracelso. No de otra forma se puede explicar el
término cocción que emplea Belgrano
al referirse al proceso digestivo y al convencimiento de que el uso de
sustancias químicas naturales - agraz, naranja, limón - influiría sobre él.
Por otro lado, es evidente por la sintomatología que
padecía Güemes, que el cuadro era el de una dispepsia de tipo biliar o biliopancreática, que se agravaba ocasionalmente por las
trasgresiones alimenticias, a las que se refiere también Belgrano al escribirle
que nada
enseña mejor que la experiencia; con la salud hacemos muchas y es preciso no apurarla;
cumpla Ud. con la palabra de cuidarla y
particularmente adoptando las comidas mas sencillas... [57]
Muchos de los problemas que
sufría Güemes tenían su origen en la desordenada vida propia de aquel que debe
hacer vida de guerrero en forma continua, que debe priorizar los problemas de
la guerra y de la patria a sus propias necesidades, además de no poder contar
con elementos para poder formalizar una dieta adecuada, dadas las
circunstancias que impone una guerra de guerrillas, en las cuales la movilidad
y la rapidez son elementos decisivos a la hora de sumar o restar victorias. Y ello,
desde ya, es incompatible con una vida ordenada y metódica, base del
tratamiento higiénico dietético de este tipo de padecimientos. El Dr. José
Redhead, de quien ya me ocupé antes, corrobora este accionar de Güemes,
manifestando en una carta que Él (Güemes) poco se cuida de todo eso ;
atiende a lo que debe hacer ; come asado cuando puede procurárselo, anda
medio desnudo, sin un peso para comprar vino, pan o aguardiente, rara vez duerme
bajo techo y deja a la calumnia inventar cuantas historias se le antoje [58]. Los avatares de la campaña militar no
permitían a Güemes ningún tipo de cuidado y ello le ocasionó en algún momento
un ataque que se refirió como aplopejía y para
el que Belgrano aconsejaba la atención del Dr. Ribero, al tiempo que no se
podía substraer a su tendencia a recetar y le indicaba dieta moderada y de cuando en cuando un purgantito moderado [59].
Pienso que Güemes sufría de
una dispepsia biliar, debida probablemente a una litiasis [60] que no le produjo un
cuadro agudo que, para los tiempos que corrían y los conocimientos quirúrgicos
de la época hubiera sido fatal para el prócer. Cabe acotar aquí que la cirugía
biliar no habría de desarrollarse sino a partir de 1850, previo descubrimiento
de la anestesia en 1846, lo que abrió a los ojos y manos del médico muchas
cavidades hasta entonces prohibidas por la alta mortalidad que cada acto
quirúrgico conllevaba. Con seguridad, el cuadro que padecía el General Güemes se
trató de cólicos biliares a veces severos, que cedían espontáneamente o con la
ayuda de colagogos, como la infusión de alcachofa o digestivos espasmolíticos como las de muña muña,
arcayuyo, cedrón o copa- copa, muy usados en la
farmacopea indígena y que persisten hasta hoy como eficaces elementos adyuvantes
del acto médico tradicional de nuestro noroeste argentino [61]. De estos cuadros opina
Belgrano que Ud. solo no se cuida, cree que su
cuerpo es de bronce y se equivoca: no se debe Ud. a
si solo, sino a su mujer, hijo, y lo que es más, a la Patria... esto debe
empeñarlo a tomar precauciones para liberarse de esos ataques furibundos [62]. De todos modos, al mes de esta
situación, no quedaban rastros visibles de enfermedad pero, al poco tiempo se
produce una recaída en Octubre de 1818, lo que hace suponer la certeza del
diagnóstico del cuadro antes mencionado, de naturaleza cíclica agravada por la
falta de atención que Güemes prestaba a su salud, mas las inclemencias de la
guerra. En esa oportunidad Belgrano le manifestaba que le resultaba sensible
la noticia de la enfermedad de Ud., preguntándose
mas adelante ¿que diantre de mal es ése
que no lo puede Ud. desarraigar?, al tiempo que
le pedía a nuestro Esculapio (Dr. Redhead)
que arbitrara el medio de libarle de esos ataques [63].
Una reflexión interesante
podemos hacer al respecto de la palabra ataque
citada en ése y otros documentos de la época. Esta denominación es muy antigua,
probablemente prehispánica para nuestras culturas. El aborigen concebía la enfermedad,
sobre todo aquella que lo aquejaba en forma brusca y aguda, como el resultado
de una agresión - ataque - de seres
no ordinarios, como dioses o demonios. Todo aquello que le provocaba desazón y
zozobra en forma inmediata y aguda, se debía a un ataque. De esta manera, las epidemias se imaginaban como el
lanzamiento de pequeñas flechas por parte de diversos seres que introducían gorgojos en muchos cuerpos simultáneamente y con
gran mortalidad. Belgrano no podía sustraerse a esta costumbre y de allí que
califique de ataque a los accesos
agudos biliares de Güemes, tal como cualquiera de nosotros lo hace hoy en día.
He hallado otra mención a afecciones de Güemes referida a
mal
de garganta, que puede ser
interpretada como disfonías, gripe o anginas, de las que se recupera rápidamente.
Un hecho interesante surge del
estudio de los estados de ánimo que ambos próceres experimentaban frente a
determinados sucesos que los involucraban. En general estaban centrados metafóricamente
en el aparato circulatorio, especialmente el corazón y la sangre, en una
similitud a situaciones parecidas que pueden ser encontradas en textos clásicos
griegos tales como la Ilíada y la Odisea, por citar
dos de ellos y siempre en relación al carácter y la personalidad.
En efecto, Belgrano le manifiesta a Güemes que estoy
con la sangre malísima[64] designar la sensación que le causaba no
poder ejecutar las cosas con la rapidez que él quería imprimir a su gestión en
Tucumán, manifestándole en otra ocasión que
tengo la sangre quemada al ver como se
pospone el interés general por pasiones ridículas y pueriles a los que nunca mi
corazón podrá ser capaz de dar abrigo [65]. Las citas que refieren afectos al corazón
y sentimientos a la sangre son numerosas y tienen la virtud de graficar
explícitamente como se sentían ambos próceres frente al desinterés y desánimo
que a veces invadían los corazones de los menos apasionados por la causa de la
libertad. Las dificultades sobre todo económicas que debían sufrir las provincias
del noroeste argentino frente a la denominada economía de guerra ofrecen esta interesante arista de interpretación,
a la luz de dichos populares que evidencian lo que en algún momento se denominó
medicalización del lenguaje cotidiano.
El General Güemes es herido el 7 de Junio de 1821. Le esperaban diez
largos días de agonía. Fue la suya una epopeya de sufrimiento y entereza. Una
muerte lenta, por una probable peritonitis fecal, deducida de la zona en que
ingreso y la trayectoria de la bala asesina, en momentos en que la medicina
carecía de los recursos necesarios – anestesia, antisepsia, instrumental adecuado,
experiencia, entre otros – para poder salvar su vida.
Historia en
medicina es, como decía al comienzo, un recuerdo de lo que ha sido, al servicio
de una esperanza de lo que quizás llegue a ser. Es, en definitiva, como decía Dilthey, comprensión de la vida más que
maestra de ella, ya que las circunstancias cambian con el tiempo y los hombres.
Pero, en este caso, ha sabido abrir un portal esperanzador que habla del
sacrificio de los hombres en aras de un país mejor, de un noroeste promisorio,
alejado de enfermedad, pena y pobreza. Tal nuestro deseo.
Nº
28
AÑO
2002
(Presidencia
Andrés Mendieta)
HOMENAJES
DE
LA
ACADEMIA
GÜEMESIANA
Cuando comencé a escribir estas líneas para ser leídas ante
tan distinguida y selecta concurrencia me hacía el siguiente cuestionamiento:
Estar aquí por segunda vez pronunciando unas palabras es ¿un placer o una
alegría? Y… a estos dos vocablos se unía un tercero: gratitud.
Comenzaré
por el último: gratitud. Alguien dijo: “El
agradecimiento es la memoria del corazón”. No agradecer es como recitar
bellas poesías en un idioma que los demás no entienden.
¿Cómo no
sentirse vigorizado espiritualmente el saber que lo estoy haciendo en la casa
donde habitó Martín Miguel Juan de Mata Güemes desde sus cuatro años de edad y
hasta horas antes de ser herido de muerte por una bala traidora lo que llevó
hacia la eternidad?
Claro está
que hubo además algunas ausencias las que serán consideradas más adelante.
Los invito
que nos introduzcamos en el túnel del tiempo para dirigirnos a las dos tres últimas
década del siglo XVIII… Hemos llegado ya a él…
Don
Gabriel Güemes Montero mientras ocupaba el cargo Oficial Real de las Cajas de
Jujuy contrajo enlace matrimonial con Magdalena Goyechea y la Corte en 1778, al
año de haberse radicado allí lugar donde tuvieron su primer hijo Tomás Manuel.
Cinco años
después, en 1783, se creó la Intendencia de Salta del Tucumán asignándosele las
funciones de Ministro Tesorero de Real Hacienda con asiento en esta capital.
Aquí
comienza la historia de quien estamos recordando en el 217º aniversario de su
natalicio. Un grande de la nacionalidad aunque ignorado aún por muchos. Querido
y odiado.
El
matrimonio Güemes debe venir a Salta y, de acuerdo con las disposiciones que
tenían sus orígenes en las Leyes de Indias el funcionario debía residir en una
casa de importancia.
En calle
De la Estrella (hoy Balcarce a la altura de la numeración 51), entre Del Comercio
(hoy Caseros) y Del Yocci (conocida en la actualidad
como España) fue su primera residencia, lugar donde nació su segundo hijo al
que le impusieron el nombre de Martín Miguel Juan de Mata.
El
visionario y caracterizado vecino don Manuel Antonio de Tejada hizo construir
esta casa donde estamos en la tarde de hoy ubicados y donde fijaron su
residencia los Güemes.
Ahora
bien, jugando con la imaginación o con la fantasía se me ocurre ver al niño Martín
Miguel Juan de Mata –tal como figura en su acta bautismal- “chivateando” por
los patios, el corral y el pesebre del fondo con su hermana Macacha
y, porque no decirlo, recibiendo algunas reprimendas por parte de su madre
Magdalena.
¿Por que
no intentar soñarlo, ya sea renegando por la cantidad de tareas que les exigían
sus formación educativa y cultural impuestas por sus profesores o maestros
tanto el las aulas de la escuela de los franciscanos, en razón que tanto don
Gabriel como doña Magdalena pertenecían a los “Hermanos de la Tercera Orden” o
particularmente aquí, en esta casa?
Esta
aseveración que estudió con los franciscanos está sustentada en que a la muerte
de sus padres ambos fueron amortajados con el hábito y el cordón del Poverelo y enterrados en la iglesia de esta comunidad.
¿No se lo
imaginan a Martín Miguel espiando por las espesas cortinas que cubrían las ventanas
con rejas las reuniones que se organizaban en esta casa amenizadas con el canto
de los jóvenes acompañados con guitarras y los bailes al compás de orquestas de
violines, flautas y otros instrumentos musicales que eran ejecutados por
esclavos?
¿Cuántas
veces a hurtadillas habría comido pasteles y confituras, dulces y hasta aquellos
sorbetes con zumo de frutas elaborados por su madre?
Martín con
un par de años más se perfilaba a no ser un chico más. Alternaba su vida
ciudadana con la del campo y es por eso que mezclaba sus conocimientos, hasta
filosóficos, con el lenguaje del gaucho. Con ellos aprendió a hacer proezas con
el caballo, a sentir el frío de los cerros, y hasta el eco de los truenos que
brotaban de las montañas.
En este
solar acompañó a su padre en sus tareas como escribiente o llevando parte de la
contaduría de la Tesorería Real y también, cuando tenía 14 años, se incorporó a
las filas del Regimiento Infantería de Buenos Aires 3º Batallón 7ª Compañía destacado
en Salta.
Dije que
aquí, en España 730, vivió desde su más tierna infancia con algunos altibajos.
Comencemos que se fue a Buenos Aires por orden del virrey Marqués de Sobremonte y siendo ayudante de Santiago de Liniers participa en la defensa de la capital del
virreinato cuando las invasiones inglesas. Nuevamente en Salta contrae enlace
con Carmen Puch instalándose en la actual Caseros nº 762 y a partir de 1819
vuelve a residir en España 730 hasta el 7 de junio de 1821 que comienza a
cabalgar hacia la eternidad.
Dejo el
vocablo gratitud para hablar del placer y la alegría. El placer es una gratificación
inmediata, mientras que la alegría es un producto de una armonía interior. Esta
conjunción de palabras sirve para demostrar mis sentimientos en presidir esta
sesión pública de la Academia Güemesiana,
especialmente en la misma casa que por muchos años la habitó el general Güemes
y explican esta dilatación y exaltación del alma.
Tras estas
palabras detengo la mirada por unos minutos para fijarme en los rostros de
Agustina Becker y de Gabriel Vidal, el matrimonio
propietario de este solar; quienes sin retaceos ni condicionamientos nos dijo
si cuando les solicitamos que aquí, en España 730, se cumpla este acto
patriótico como un homenaje a unos de los artífices de la independencia
americana junto a José de San Martín y otro padres de nuestra nacionalidad.
Siento que les producirá alguna molestia mi indiscreción. Ante todo mil
disculpas. De sus recursos propios está revitalizando la casa donde funcionó la
Caja de la Tesorería Real y vivió gran parte de su existencia nuestro héroe
máximo.
Traigo
aquí como un homenaje al matrimonio Vidal aquellas sabias palabras de León Tolstoi: “El secreto
de la felicidad no consiste en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer
siempre lo que se hace”.
Ustedes se
preguntarán el porqué de la presencia de la imagen de la Virgen de Luján. Hay
dos respuestas que vienen al caso: La primera porque tiene mucho que ver con la
historia nacional y por ello se la designó Patrona de la República Argentina.
Domingo French, al incorporarse al ejército del norte se puso bajo el
patrocinio de la Santísima Virgen de Luján; Juan Martín de Pueyrredón dirigió
el combate de Pedriel y llevó como bandera el
estandarte de Luján; Cornelio Saavedra, siendo presidente de la Primera Junta,
ubicó su cuartel en la Villa de Luján y, para concluir me pregunto una vez más:
¿Quién podría darnos noticias del sable que Martín Miguel de Güemes dejó en
Luján para honrar a la Santísima Virgen?
Presentación del doctor Fernando
García Bes, a cargo del presidente del Instituto
Güemesiano de Salta, D. Andrés Mendieta.
A
continuación experimento un profundo orgullo de presentar al doctor Fernando García
Bes quien permanentemente piensa en los destinos de
nuestra patria y para ello, pretende constantemente revivir el pasado, darle
nueva vitalidad con un lenguaje atrayente y pensamiento seductor.
El
doctor García Bes en esta circunstancia se referirá
al tema: “Breves reflexiones sobre la pedagogía güemesiana.
Su ocultamiento y una posible contrapartida”. Como diría Gothe:
“Doctor García Bes, Si tienes un monstruo, escríbelo,
será la única forma de sacártelo”. Doctor García Bes
tiene la palabra.
Fernando García Bes
Compatriotas Güemesianos: Cuando quisimos armar mentalmente la columna
verbal para expresarnos hoy, coincidimos que un significativo y esclarecedor
arranque serían estos párrafos que pertenecen a una comunicación epistolar de
Carmen Rosa San Miguel – artista plástica salteña ya fallecida, cuyo cuadro,
“El General Güemes y sus gauchos” integra la colección del Museo Histórico del
Norte, en el Cabildo de Salta – a la que un familiar se los publicó en un libro
titulado “Mi niñez”. Este escrito de 1973 dice así: “La historia es cosa seria, no se puede bastardear
sin caer en ridículo o en descrédito. Es muy agradable rectificar las líneas
torcidas, malignamente trazadas de historiadores que escamotearon la verdad
histórica, silenciando los méritos ajenos, para brillar solo ellos.
Uno de esos casos es el de Güemes.
Se lo negó por envidia y por eso ahora brilla más.
La historia Argentina está escrita a entero sabor porteño
con trivial vanagloria y nada más. Es una especie de patriotería decorativa más
que una auténtica verdad.
Negaban el inmenso mérito que tuvieron Salta y
Güemes, cuando solos, sin ninguna ayuda, contuvieron las invasiones españolas
con una hombría que asombraba y confundía a los mismos invasores que llegaron a
decir: “a este pueblo no lo dominaremos jamás”. Hasta los niños y mujeres
combatían. Salta era la provincia más próspera y quedó completamente arruinada
y sin comercio con los países vecinos. Todo el siglo XIX fue casi de miseria.
Güemes fue un gigante y se lo hizo pasar por un
atorrante, mujeriego, arrabalero, jefe de chusma y perseguidor de la gente
decente.
En realidad sentía la urgencia de proceder con
espíritu democrático, cuando aún en el mundo no existía y apenas se vislumbraba
ya él lo practicaba. Cada uno de sus gauchos, el más humilde y desarrapado para
él era sagrado, en el sentido que los valoraba como persona y les brindaba su
amistad, su cariño y protección”. (*1)
Hasta aquí
Carmen Rosa San Miguel y sobre la frase de “hasta
los niños y mujeres combatían”, permítasenos una recordación para Víctor
Juan Garino, aquel ejecutor del majestuoso monumento
al pie del San Bernardo, quien en el grupo escultórico posterior, magníficamente
expresa lo mismo en el idioma de su arte.
Los dichos,
traducían claramente un pasado. Y hoy, muchos años después de ellos, a Güemes
se lo sigue ocultando, y siempre por el mismo motivo: porque fue un gigante.
Como militar su
carrera fue descollante y todos sus grados fueron ganados correlativamente, con
méritos más que suficientes y podríamos agregar que la mayoría de los ascensos
fueron motivados por acciones de guerra.
Debemos aclarar
también que su desenvolvimiento castrense fue dentro de una variedad, o especialidad
bélica que Olga Fernández Latour de Bootas, nos trae
a análisis cuando en su libro sobre el General San Martín dice que: “Llegó con la doble ciencia de la guerra que
había visto hacer de modo tan eficaz en España: las guerrillas y la
organización de cuerpos regulares que había conocido en sus luchas con las
tropas francesas, las más valientes y las más disciplinadas de su tiempo.
Comprende que el triunfo de su patria sería la consecuencia del empleo tenaz e
inteligente de esos dos medios: el de los cuerpos regulares y el de las guerrillas.
Sin uno no podría triunfar; sin el otro no podría conservar los frutos de la
victoria”. (*2)
Desde esta
lectura interpretamos que San Martín al advertir las cualidades de nuestro
héroe se dio cuenta inmediatamente que: “En
el norte eran suficiente Güemes con sus gauchos”, y él se dedicó a sus
granaderos.
Mientras tanto
Güemes a su vez le dice a Belgrano: “que
está todo dispuesto de un modo que a mi primera voz se presentarán los bravos
que han de hacer sentir todo el peso del rigor, sin que sea necesario, mientras
llegue ese día, se separen de sus labores y talleres, ni del lado de sus
familias.” (*3)
Ese día, o esos
días, nos permitimos recalcar son los que insuperablemente pone de relieve Garino en el sector ya mencionado del Monumento a Güemes en
Salta. Porque si se nos permite seguir con digresiones, cuan importante sería
una fotografía de ello, - o sea de la mole de bronce que tomó la forma de un
hombre que monta un caballo firmemente sujetado, mientras se percibe claramente
un mudo grito que pregona ¡Viva la Patria!, en tanto una mujer con un niño en
brazos y otro aferrado a su pollera, alcanza la lanza al labriego que en ese
instante interminable se transformó en guerrero, en tanto un perro contempla la
escena atento a la orden de salir a olfatear los rastros de los godos, por las
huellas de las quebradas y valles, de la indómita Suramérica de aquellos
tiempos–. Cuan importante sería, decíamos, una fotografía de ello en las habitaciones
de nuestros jóvenes, reemplazando – o por lo menos al lado para que exista la
posibilidad de comparaciones reflexivas – a las de astros deportivos afectos a
las drogas o de estrellas de la televisión de brillos tan efímeros y opacos.
Prosiguiendo
con nuestro gigante, debemos decir que hemos escuchado alguna vez que: para
poder ser un buen jefe se debe haber demostrado primero que se ha sido un buen
subordinado. Y Güemes lo fue. Pruebas hay miles, pero permítasenos el recuerdo
de aquella oportunidad en que recorrió setenta y nueve leguas en tan solo dos
jornadas; desde la Candelaria hasta Buenos Aires acompañando a quien tenía que
entregar un oficio a Liniers exactamente el 12 de
agosto de 1806, día de la Reconquista de Buenos Aires ante las invasiones
inglesas. Ahora, aritmetizando un poco más, debemos
decir que recorrió 395 Km. en tan solo dos jornadas tras el cumplimiento de una
orden. En esa época contaba con dos décadas de vida y ya sus superiores
jerárquicos, entre ellos el veterano comandante de infantería don José Ignacio
de Merlos, lo definía a Güemes como: “Sujeto
de honor, actividad e irreprensible conducta.”(*4)
Nuestro héroe,
fue gigante en muchísimas cosas más – no en todas porque fue humano – pero
avanzando un poco, lo analicemos como enemigo: ¿Se le conoce alguna orden de
fusilamiento de sus prisioneros? ¿Se le atribuye alguna instrucción de saqueo
para beneficio personal de él o de sus tropas luego de un triunfo?
De sus dotes de
amigo habría que indagar con detenimiento su relación entre otras con José
Antonio Pacheco de Melo. Y su carencia de odios y rencores, el reconocimiento
de las cualidades humanas ajenas y la limitación de los bajos intereses personales
en pro de los altos objetivos comunes, sobre todos los patrióticos, se aprecian
en la relación con el General Belgrano, con quien ya es en extremo conocido y
quizás demasiado anecdotizado un primer desencuentro.
Pero, con el correr del tiempo, podría decirse que uno de los mejores broches
de oro del desenlace es el siguiente párrafo epistolar del 6 de noviembre de
1816 desde Huacalera: “... trabajemos con empeño y tesón que si las generaciones presentes
nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria que es la única
recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados”. (*5)
Tan, pero tan
gigante, que influyó grandemente en la literatura local, regional y nacional.
Nos resultaría sumamente fácil la demostración de esto último. Pero entraremos
solamente en dos comentarios poco conocidos al respecto. Uno, una conjetura y
el otro una aseveración perfectamente documentada pero lamentablemente
desconocida o ignorada. La suposición que hemos mencionado se refiere a que
cuando Santos Vega dice:
Si jamás independiente
Veo el suelo en que he cantado
No me entierren en sagrado
Donde una cruz me recuerde;
Entiérrenme en campo verde
Donde me pise el ganado.
El poeta Obligado, ya habría viajado por
Salta y ya estaría nutrido de sus historias y leyendas que tan bien supo
traducir en sus escritos, los cuales lamentablemente también son poco
conocidos.
Y ya,
alejándonos de la conjetura y encaminándonos a lo concreto, rescatamos del
“Güemes Documentado” esta página que entendemos humildemente, debería ser
obligación que la conozcan los educandos argentinos de todos los niveles. Es la
170 del Tomo I y dice así: “... padres estos
de José Hernández el célebre autor del famoso poema Martín Fierro.
Cabe señalar que en momentos de desventura en su adolescencia este nieto de
Diego José de Pueyrredón y de Juana Francisca de Zegada encontró tiernísima
protección en su señora tía Victoria, a quien él cariñosamente llamaba “Mamá Totó”, y, sin duda, en ese ambiente familiar que lo acogía
asimismo, el eco o resonancia del prestigio que había sabido granjearse Güemes
en 1810 por su valiente accionar del que esos abuelos fueron testigos y testigos
presenciales. Decimos esto no sin fundamento: el 21
de noviembre de 1972 la señorita Isabel González del Solar y Hernández, hija de
Isabel Hernández y nieta del “célebre autor”, nos favoreció con una carta en la
que nos dice: “No he olvidado su interés por el origen del nombre de Martín Fierro. Como le prometí, busqué entre anotaciones de mi
madre y encontré esa nota que adjunto. Está de acuerdo con lo que siempre hemos
conocido, con un agregado también aceptable”. La aludida “nota adjunta”, en lo pertinente,
reza así: “Dijo mi padre: Llamé Martín Fierro al
héroe de mi historia, pues de fierro es el temple del
hijo del desierto y no podría encontrar mejor nombre para colocar en el escudo
de ese señor de la llanura.
Martín es un nombre que dejó en la Historia su
huella de valor y de hidalguía. Juan Martín de Pueyrredón patriota y ecuánime
defensor de los derechos de sus conciudadanos y el ínclito general Martín
Güemes que con sus valientes gauchos, hermanos de éste que nació en la pampa,
defendió las fronteras argentinas del avance español.
“Y este escritor, queriendo que su libro fuera
genuinamente nacional, compuso ese nombre que es un emblema de valor y un
símbolo de energía”.
La remitente, en esa “nota adjunta”, como queriendo
proporcionarnos una referencia objetiva, fidedigna y por ende perdurable,
desechando el nombre de Juan Martín que habría sido incluido en la evocación,
al parecer, por mera razón de simpatía parental, nos
expresa: “No podemos asegurar que estas (las de las anotaciones de la madre que
por nuestra cuenta hemos subrayado) fueran palabras textuales de José
Hernández. En el ambiente familiar ha vivido también esta versión en la que el
nombre de Güemes es exclusivo. Esta es la que hemos repetido siempre, confirmada
con variado testimonio oral: Martín Fierro se formó
honrando la memoria de Martín Güemes, el más gaucho de nuestros guerreros, y
considerando de fierro el temple del hijo de la
pampa... En conclusión: siempre hemos tenido la certeza que en Martín Fierro se unieron el nombre de Güemes y el férreo temple
del gaucho”. Hasta aquí Luis Güemes y nosotros nos atrevemos a corregirle, perdón
más que ha corregirlo agregarle, que Martín Güemes fue “el más gaucho de nuestros guerreros”, como bien lo dice, pero
también “el más guerrero de nuestros gauchos”.
Por todo esto,
a semejante hombre, es imposible ocultarlo, y como no lo pueden lograr los
enemigos de su figura, de su línea de pensamiento, de su filosofía, se ocupan –
reitero ante la imposibilidad de ocultarlo – de empequeñecerlo. Y esa consigna
es con seguridad por aquello que claramente trasluce el pensamiento del actual
Santo Padre, al recordarnos que más perjudicial que los malos ejemplos es la
carencia de arquetipos.
Y Güemes es un
arquetipo en serio. Si no lo hubiera sido, no habría marcado en poco más de
tres décadas de vida, en una época, en que los medios de difusión eran escasos
y además contrarios a sus campañas – repito – no habría marcado su memoria de
tal manera que motive que en este febrero estemos tratando de evitar que el
217º aniversario de su natalicio pase inadvertido. Y significativamente hoy,
año 2002, esta conmemoración se realice en un lugar que su cuerpo recorrió el
último día de su vida con salud corporal en esta tierra. ¿Quién puede negar o
por el contrario afirmar, que en esta habitación donde nos encontramos reunidos
sospechó que se le estaba tendiendo una emboscada que lo arrastraría a la
muerte?
Porque debemos
recordar señores que estamos en la Tesorería Real de la Intendencia de Salta
del Tucumán. Y que en este solar no nació pero si vivió gran parte de su vida y
también metafóricamente lo podríamos decir: “nació a la inmortalidad”, este
Padre de la Patria, a quien también lo podríamos catalogar, espiritual y
filosóficamente como “Padre de nuestra Raza Criolla”.
Por lo hasta
aquí expuesto, - aunque hay más para decir por supuesto – rogamos a Dios que
este solar histórico, conserve en su atmósfera los manes que nutrieron el
espíritu de uno de los mayores independistas que ha pisado estos territorios
desde el día de la creación. Pero además del ya mencionado ruego a Dios,
solicitamos formalmente, a las autoridades que corresponda que se tomen los
recaudos y se ejecuten las medidas necesarias para impedir que algún día este
solar pueda ser demolido. Porque se debe saber claramente, así ha ocurrido ya y
huelga argumentarlo, que demoler la historia es sepultar la identidad. Y
sepultar la identidad es llevar a la patria a un estado de agonía.
Creemos que se
debe decir también, que a Güemes se lo combate ignorándolo porque fue un
auténtico caballero cristiano; “...
porque el caballero cristiano – al decir de Manuel García Morente – es pues un
paladín defensor de una causa, deshacedor de entuertos e injusticias, que va
por el mundo sometiendo toda realidad, cosas y personas, al imperativo de unos
valores supremos, absolutos, incondicionales. Y lo que lo caracteriza- además –
y designa como paladín no es solamente su condición de esforzado propugnador
del bien, sino, sobre todo, el método directo con que lo procura”.
De esa condición primaria del caballero, paladín de
su propio ideal, derívanse un cierto número de
preferencias más concretas que vamos a enumerar rápidamente. En primer lugar,
la preferencia de la grandeza sobre la mezquindad pero ¿qué es la grandeza y qué
es la mezquindad? Grandeza es el acto por el cual damos un valor superior a lo
que somos sobre lo que tenemos. Mezquindad es justo lo contrario, esto es, el
acto por el cual preferimos lo que tenemos a lo que somos... Pone siempre su
ser por encima de su haber... Vale uno por lo que es y no por lo que posee...
Prefiere padecer toda escasez y sufrir trabajos antes que doblegar la
conciencia... (*6)
Otra consecuencia del “ser” caballeresco – téngase en
claro que seguimos parafraseando al filósofo español – es la preferencia del arrojo a la timidez o de la valentía al apocamiento...
No siente miedo más que ante Dios y ante sí mismo... escaso y escueto, o
abundante y rico en matices, el ideario del caballero tiene la suprema virtud
de ser suyo, de ser auténtico, de estar íntimamente incorporado a la
personalidad propia.
Sería muy
productivo pero rebasaría tiempos y también paciencias seguir incursionando de
la mano de García Morente sobre: “Altivez contra servilismo”, “Más pálpito que cálculo”, “Personalidad”,
“Culto del Honor”, “Idea de la muerte”, “Vida privada y vida pública”,
“Religiosidad del caballero”e “impaciencia de la eternidad”, para comprobar
la moldura hispánica de quien hoy nos motiva el encuentro. Moldura hispánica
fidedignamente heredada, pues si transcribiéramos – como nueva prueba de
vuestra paciencia – un último párrafo más del filósofo aludido, el que
sintéticamente dice: “consiste en poner
cada acto y cada cosa en relación inmediata y directo con Dios” nos
daríamos, al revisar papeles del progenitor de Güemes, con que esta era
precisamente la manera con que ejecutaba y firmaba su documentación: “Los Ministros Generales de Real Hacienda de
la Provincia de Salta, Tesorero Dn. Gabriel de Güemes Montero y Contador Dn.
Diego Rabasa. Certificamos en cuanto podemos y el
derecho nos permite a todos los que la presente vieren como habiéndose
certificado, finalizado y concluido todas las cuentas de Administración y
Tesorería que se han llevado en las de nuestra incumbencia en todo el año
próximo pasado de 1790 el día 31 de diciembre de él, se hallan legales ciertas
y verdaderas en toda su extensión sin ocultación de partida alguna de cargo, ni
aumento de data lo que así juramos por Dios Nuestro Señor y este signo de la
Cruz. (En el original consta dibujada dicha cruz) y si lo contrario pareciese, salvando yerro, o equivocación involuntario,
nos obligamos a las penas establecidas por derecho; con lo cual queda cerrado
este libro hoy día de la fecha y así lo certificamos en esta Tesorería General
de Ejército y Real Hacienda de la Provincia de Salta a 2 de enero de 1791”.
De 1791 a 2001, 2002 leve salto de dos siglos
y algo más y ¡qué diferencia! Los funcionarios juran por los Santos Evangelios
y que Dios y la Patria los demanden, pero ya no existe el sabio Juicio de
Residencia instituido por las tan denostadas – por algunos – Leyes de Indias,
que bajo ningún punto de vista permitían que se licuaran las responsabilidades
de los funcionarios de gobierno, y por lo tanto, por supuesto, no se sufrían
las consecuencias que se padecen hoy.
Y ya que dimos
este pasó con zancos en la historia, antes de entrar en otros enfoques breves
para arribar al final, permítasenos decir a guisa de comentario ya que estamos
conmemorando un natalicio, que desconocemos la fecha del nacimiento de Lavalle o de Rivadavia por ejemplo y no sabemos de alguna
ciudad en donde se las recuerde. Esto nos lleva a la suposición que, si nuestro
héroe no hubiera muerto e inevitablemente –porque suponemos que se hubiera
opuesto a las mismas- tendría que haber entrado en las luchas fraticidas de la
llamada organización nacional, lo habría hecho del lado del bando federal.
Además, al
seguir imaginando oleajes que se desplazan y sacuden en el tempestuoso mar de
la historia, de lo que si estamos seguros es que nuestro Martín Güemes de haber
sido contemporáneo nuestro tendría su nombre y su recuerdo mezclado con el del
Teniente Primero Estévez, con el del Sargento “Perro” Cisneros, aquel del lema:
- ¿Rendirme yo?, solo después de muerto hablaremos, - y él lo cumplió. Con el
del Sargento Blas, con el del cerrillano Cabo Primero Patricio Guanca y de
tantos otros que duermen su sueño eterno en las turbas malvineras, o en el
fondo de las frías aguas del Atlántico Sur.
Y mencionando
esto estamos muy seguros de lo que decimos, porque Güemes no escribió la
historia con tinta sino con sangre y no con la ajena sino con la propia. Y en
cualquier época que hubiera vivido no habría sido gran maestro de la pluma y la
palabra, ni de ninguna otra cosa, sino solamente como lo fue en la época que le
tocó vivir, el gran maestro de la pedagogía de la sangre. De esa pedagogía que
requiere del arrojo, de la entrega hasta la crucifixión si se quiere;
crucifixión plena en la cruz de la Patria para su nacimiento. Crucifixión en un
cadalso cuya base fue en algún momento de la historia argentina: la Antártida. Ese territorio antártico argentino que ya ni en
los mapas modernos aparece, de tantas mutilaciones y desmembramientos para los
que se la viene preparando a nuestra República. Y claro, si hasta los mapas de
nuestro país los importamos de Taiwán. Y lo reiteramos porque estamos seguros,
si Güemes hubiera sido figura masiva y permanentemente mostrada y enseñada a
nuestros educandos, no habría sido tanto el daño que el cipayaje
logró infringir al país.
Porque Güemes
enseñó en la teoría, cuando escribió el 2 de noviembre de 1820 en carta a
Bernardo de O’ Higgins en la que dice: “todo me falta, es verdad, porque nada he
conseguido de las Provincias Unidas... me he arrostrado a la pobreza y
socorridas mis divisiones con un chiripá de picote y
una jerga por vestuario, ha desfilado ayer la primera y van a seguir las otras,
llevando si grabado el lema “Morir por la Patria es gloria”, pero
fundamentalmente su mérito innegable es que puso en práctica, lo de morir por
la patria es gloria, constituyéndose en lo que decíamos al principio: en un “arquetipo”.
Lo dicho por nosotros, lo corrobora don Juan Manuel de los Ríos al expresar: “Güemes puede servirnos de bandera en los momentos
difíciles en que vivimos: su fuerte personalidad espiritual y política no puede
estar reducida a una simple expresión folclórica, o a un sentimiento vago y
egoísta de vanagloria local.
La política que practicó, sus sentimientos
americanos, su concepto del territorio y de su integridad, su amor a Salta, a
sus hijos, a su tradición, es algo que debe hacer meditar a todos, en estos
tiempos de desorientación política que nos ha tocado vivir”. (*7)
Y a este
“arquetipo” se lo ocultó ayer y se lo disminuye hoy. Y desde el nacimiento nuestra
patria decrece y hoy agoniza. Y un pensador – el Dr. Jorge Dragone
– nos adelanta: “Que triste ha de ser,
ser huérfanos de patria”, y aquí podríamos agregar: ¿la mayoría de las
madres biológicas que mueren van al cielo, pero las Patrias, donde irán? Seguro
que al cielo, pues tiene Angel de la Guarda propio
cada una; así es teológicamente. La duda es si también podrán ir allí, los
hijos que fueron indiferentes con su vida y que la dejaron morir sin morir
ellos primero.
¿Será por esto
que se oculta la pedagogía güemesiana? ¿Será que los
historiadores oficiales aunque se digan independientes, de las editoriales
oficialistas aunque sean privadas, son indiferentes a que la patria viva o no?
Consideramos importante acotar, que el
profesor Colmenares en su opúsculo titulado “Martín Güemes” y subtitulado “su
gesta nuevamente empequeñecida en dos extensas obras sobre historia de la
Argentina”, nos viene a ratificar tras muchos años de decirnos el mismo también,
lo que al principio nos decía Carmen Rosa San Miguel que: “la historia argentina –la oficial, la mitrista, la que trasciende agregaríamos
nosotros, porque gracias a Dios conocemos a autores de allí, de valía, pero
sabemos que se retacea la difusión de sus trabajos – está escrita a entero sabor porteño... negaban el inmenso mérito que
tuvieron Salta y Güemes cuando solos sin ninguna ayuda contuvieron las
invasiones españolas...”. Entonces nos alecciona el presidente vitalicio
del Instituto Güemesiano en el trabajo mencionado, sobre la capacidad de síntesis
de la encargada de la gesta güemesiana en la Nueva
Historia Argentina, que llegará a tener 12 tomos, quien en 200 palabras, no
páginas y ni siquiera párrafos sino palabras, desarrolla el tema que a otras
personas le motivaron más de 5.800 páginas como es el caso por ejemplo del “Güemes
Documentado”.
También hay,
una “Nueva Historia de la Nación Argentina”, de 10 tomos y dispuesta su
elaboración por la Academia Nacional de la Historia. De esto se podría decir,
que no es “nueva historia” sino que es “historia vieja” y repetida, por los errores
históricos, y por la reducida valoración, pues bien dice Colmenares que: “la heroica muerte de Güemes en plena selva
y tras diez días de agonía no puede narrarse en una página”. Y termina
diciendo “lo desagradable es el resultado
final: la gesta güemesiana nuevamente quedó
empequeñecida”. (*8)
Y muchas cosas
más lamentablemente son así. Si observamos
el libro “Los Gauchos”, editado por la Secretaría de Cultura de la Nación, apreciaremos
el escaso espacio disponible para Güemes y sus gauchos y descubriremos también
que lo han rebautizado, ya no es Martín Miguel Juan de Mata, allí es Juan
Martín Güemes.
Estas cosas
mencionadas son fruto de algo intencional o de indiferencia por parte de los
responsables. Nos inclinamos a atribuir los hechos a la primera causa es decir
la intencionalidad.
Porque tenemos
también para hacer recordar que un proyecto de Ley de declaración de feriado
nacional el 17 de Junio de cada año en conmemoración de la muerte de Güemes se
transformó en declaración de “día nacional de la Libertad Latinoamericana”, y
parece que dicen también en homenaje a Güemes. Esto también es intencional,
señores, es distraer, es dilatorio, es negar la posibilidad al pueblo argentino
que conozca, que reconozca, que ame, que imite la pedagogía güemesiana.
Y así como no se puede amar lo que no se conoce, es evidente que no se puede
imitar lo que se ignora.
Quienes lo y la
conocieron bien a Güemes y su gesta son los Nina. ¿Sabemos quienes son los
Nina? (*), Son aquellos cuyo antepasado José, fue peón del General y lo vio
morir en la quebrada de la Horqueta. Y les fue trasmitiendo a sus descendientes,
una pasión por la persona a tal punto, que Miguel Angel
Salom, llega a decir en un escrito que: “en el rancho de los Nina, Güemes era un
dios y su recuerdo una religión”. (*9)
Y hay otros escritos que han estado a nuestro alcance que mencionaban a
Güemes como un inspirador de la religión
laica de la patria. Y será por eso que hay papeles que rezan así:
gran parte de
agradecida gente
por tu
paternalismo de una raza.
Del fuego de tu
sueño quedó brasa
que la aviva
medio continente,
en forma
humilde pero conciente
que no ha sido
tu grandeza escasa.
¡Crucificado
por la patria fuiste!,
y sin sentir
pecado quedo triste
por argentino y
por nacido aquí,
cuando
pasando frente a tu busto,
se me van las
manos y... ¡freno justo!,
las ganas de
persignarme ante ti.
Pero ya para ir
terminando, vayamos dejando las cosas en claro. Güemes fue un dios – con
minúsculas – pero dios al fin para los gauchos, no de los gauchos. Porque al
fin el Dios de Güemes y de los gauchos era al decir del historiador inglés Ferns el “... hombre
que sufrió y murió con bravura, que era parte de Dios, que se levantó de entre
los muertos, cuyo poder y gloria se manifestaba a todo el mundo en la ostia y
cuya presencia podían buscar cuando querían hacerlo. Esta era la religión de
los gauchos”. (*10)
Esta es la aclaración que anunciábamos al
respecto: nuestro General fue el único soldado de la independencia, que está
documentado, que a su solicitud agonizó y murió asistido por su capellán quien
le administró los últimos sacramentos.
Huelga ya
insistir sobre lo saludable que sería, para la salud de la patria, la difusión
a nivel nacional de la pedagogía güemesiana.
Por ello para
la salteñidad en general y el gauchaje en particular,
queremos dejar la inquietud de insistir en el pedido de declaración de feriado
nacional en nuestro país en recordación de nuestro mártir por la patria. Para
ello invitamos a la organización para la realización de una marcha a caballo a
Buenos Aires, llevando el correspondiente petitorio, ante el Congreso de la
Nación.
Esta marcha
además debería llevar réplicas del Señor y de la Virgen del Milagro, para que
estas queden definitivamente, en grutas que se deberían hacer construir en el
imponente monumento a Güemes en Buenos Aires; porque el Milagro, Salta y
Güemes, siempre fueron una sola cosa y en la Capital Federal así lo tienen que
seguir siendo, pero también para reafirmar que la epopeya güemesiana
fue netamente cristiana.
De concretarse
esta peregrinación patriótica, la misma tendría que salir de nuestra ciudad,
por donde se está dando en llamar Acceso Norte, que es un trayecto donde la
divisaría desde su gruta la Inmaculada Madre del Sacratísimo Corazón Eucarístico
de Jesús, que es la nueva advocación de la Virgen, que nos está beneficiando
con sus apariciones en nuestra provincia y sería también con seguridad un
factor más de protección y ayuda para la consecución del objetivo fijado.
Pero volviendo
a los enfoques históricos, ¿Por qué llamar Acceso Norte a la Quebrada de Chachapoyas, que es por donde ingresara al valle de Lerma
el General Belgrano y sus tropas el día anterior a la batalla del 20 de febrero
de 1813? Si no se ratificara su nombre histórico-geográfico de Chachapoyas, ante los argumentos de antigua data que rondan
y que la dan cuando pasa por La Lagunilla, como la ruta que siguiera nuestro
héroe ya herido de muerte hacia la Quebrada de la Horqueta (*11), se podría llamar
teniendo en cuenta esto último “La Senda Gloriosa de la Patria”, o “Guardia
Permanente Guardia Bajo las Estrellas”. Pensamos que son detalles que se le han
pasado a quienes les corresponde ello. Pero también pensamos que hay tiempo y
habrá decisión de corregirlos.
Y ya al final,
y al margen de las consideraciones históricas que puedo haber repetido de
terceros o humildemente haber aportado, en esta circunstancia que me entero que
se ha dado en llamar conferencia, denominación que soy conciente, supera
ampliamente mis limitados conocimientos sobre el tema que nos ocupa, pero si
están a nivel y lo digo con mucho orgullo personal, mis ansias de rendir
homenajes para mantener en el recuerdo muy en alto la figura de Güemes. De la
figura de ese Güemes, que nos permite argumentar con seguridad, ratificando los
datos religiosos y científicos en contra de la idea de la reencarnación – tan
en boga hoy por la cantidad de sectas que pululan – porque si esta teoría fuera
real este país no estaría como está, pues ya habría en marcha una nueva gesta güemesiana para una segunda independencia nacional. Y no
estaríamos sus habitantes en esta situación, en la que apenas nos podemos conformar,
con buscar una punta en el ovillo de los hechos del pasado, que nos permita
hacer algunas madejas, para tejer una bufanda con la verdadera historia, por
ver si se logra que abrigue y reconforte aunque sea un poco, en este prolongado
invierno que venimos sufriendo con la patria.
¿Y porque puntualmente
una bufanda nos preguntarán seguramente?
Bueno, porque
quiera Dios, que cuando salgamos de este ámbito, lo hagamos con la idea y
llevemos protegida la garganta y el pecho para que si nos dijeran “a boca de
jarro”: ¿Quién vive? La respuesta inmediata e indudable sea “¡La Patria!”.
Porque esa, ¡Señores!, que no quede ninguna duda, esa
fue, es y será la síntesis absoluta de la pedagogía güemesiana.
Esa, la que hacia adelante nos muestra la eterna esperanza, pero solamente si
hacia atrás nos afirmamos en la tradición.
(*1): Carmen Rosa San Miguel
Aranda – “Mi Niñez”- Recopilación y complementación: Carmen Rosa San Miguel de Morano – DEI GENITRIX – COLECTIO SAF – La Plata – 1999 –
pág. 129.
(*2): Olga F. L. de Bottas – “La
ofrenda de Gérard al Libertador San Martín – Edición
Obras de Ferlabó – Buenos Aires – año 2.000 - pág.
28.
(*3): Bernardo Frías -
Historia del General Güemes y de la Provincia de Salta o sea de la
Independencia Argentina, Tomo IV, capítulo XXXI. Año 1971. Fundación Michel Torino – ediciones Depalma
Buenos Aires.
(*4): Luis Güemes – “Güemes Documentado”
Editorial Plus Ultra – Buenos Aires -Año 1979 – Tomo
1 pág. 169
(*5) Documento: Carta del General Güemes al
General Belgrano – 06 de noviembre de 1816 desde Huacalera.
Archivo y Biblioteca Históricos de Salta.
(*6). Manuel García Morente – “Idea de la Hispanidad” – editorial Espasa – Calpe – Madrid – año
1961 – Colección Austral - pág. 58 en adelante
(*7): Juan Manuel de los Ríos
– Güemes ante la historia – Edición Club Kiwanis de Salta – año 1971 – pág. 31.
(*8): Luis Oscar Colmenares – Martín Güemes: su
gesta nuevamente empequeñecida en dos extensas obras sobre historia de la
Argentina. Editorial Gofica, año 2001- pág. 12 en
adelante.
(*9): Miguel Angel Salom - Güemes ante la historia – Edición Club Kiwanis de Salta – año 1971
- Pág. 37.
(*10): Carlos Steffens Soler – San Martín en su conflicto con los
liberales – Librería Huemul – Pág. 158.
(*11): CD interactivo “Martín
Miguel de Güemes” – Conociendo lo nuestro – Producciones Ñasaindy
– Dir. Jorge A. Gianella –
“La retirada histórica” trabajo del Prof. Marcelo Farfán– año 2001.
(*) Dato del editor: “nina” en lengua nativa significa fuego.
Discurso
pronunciado en el homenaje con motivo del 181º aniversario de la muerte del
héroe, el 7 de junio de 2002, en la Plaza Belgrano de Salta.
Palabras
de apertura del acto a cargo del presidente del Instituto Güemesiano de Salta, don
Andrés Mendieta. El discurso estuvo a cargo de nuestro miembro del Consejo
Directivo, don Rodolfo Leandro Plaza Navamuel.
LA NOCHE DEL 7 DE JUNIO DE
1821
Rodolfo Leandro Plaza Navamuel
Señoras, señores:
“Martín
Miguel de Güemes - señala Ricardo Rojas - era hijo de un funcionario español de
la Real Hacienda de Salta. Cursó estudios en el Colegio San Carlos de Buenos
Aires, actuó en las invasiones inglesas y se incorporó al primer ejército de la
Revolución” de Mayo.
En
1810 Martín Miguel de Güemes ostentaba el grado de teniente y comenzó a organizar
en Salta una primera partida de voluntarios bajo su dirección y adiestramiento.
Así comenzaría su actuación en las filas de la Patria. Era un joven de 25 años
que comenzaba a perfilarse como un caudillo nato entre los gauchos, que
constituían la base de sus tropas de combate.
Desde
los inicios de la guerra de la Independencia los diferentes puntos de la
provincia contaban con sus jefes naturales. Esto se percibe a través de una
simple mirada a nuestra historia. Durante esa época aparecen decenas de
apellidos que sobresalieron por su patriotismo y su bravura en los constantes
entreveros y escaramuzas que confundían a los peninsulares. Martín Miguel de
Güemes, incorporado como vanguardia al Ejército Auxiliar del Norte, creó un
ejército con características propias, sumamente disciplinado y que se fue
reforzando con los voluntarios de la División de Tarija, las Milicias del Valle
de Calchaquí y el Escuadrón de Salteños. Organizó una división con la que avanzaría
hasta Suipacha, acompañando a Juan José Castelli en la campaña del Alto Perú,
contra las fuerzas del godo, a las que se impuso una total derrota y, en
consecuencia, el primer triunfo criollo.
En
1814 fue designado jefe de avanzadas y se dispuso a expulsar a los españoles de
Jujuy y de Salta.
Al
año siguiente, entre otras medidas estratégicas, Güemes comisionó a don
Bonifacio Ruiz de los Llanos y a don Manuel Ubaldo Plaza para organizar las
milicias de los Valles Calchaquíes, escenario muy conocido por ambos guerreros
y que desde el primer momento se mostraron como verdaderos patriotas, a los que
también acompañó don Manuel Puch.
El
caudillo gaucho, estando en Jujuy el 15 de setiembre de 1816, escribe a Don
Teodoro López una carta llena de sentimientos patrióticos:
“Mis medidas las tengo hace mucho tiempo
tomadas y así es que los únicos días que he tenido ociosos y tranquilos son
desde que tuve noticias que el enemigo cargaba, a pesar que carga con furia.
Esto quisiera que le sucediera en el Valle a mi amigo don Luis (Borja) Díaz; por eso es que nunca más que ahora
conviene que vayas inmediatamente a ayudarle a cumplir las órdenes que
anteriormente le tengo comunicadas. Tú sabes que don Gaspar López (de Vera) es
uno de los amigos de quien más confianza tengo por su patriotismo, por su
agilidad y por cuanto lo busquen; dile pues de mi parte, que me le ayude en
cuanto pueda, a mi compañero Díaz. No perdamos, pues, momento mi querido
Teodoro: llenemos de gloria a nuestro país, ya que la fortuna nos proporciona
un lance tan oportuno. Hagamos ver al mundo todo, que sola, nuestra provincia,
ha de sacar de los trabajos a tanto infeliz errante”.
Más
tarde, con el fin de resistir y desgastar al ejército realista, organizó en las
provincias de Jujuy y de Salta los principales Escuadrones de Gauchos: el de
Orán, que mandaba Manuel Eduardo Arias,
y a partir de 1818 don Vicente Mendía.
Los de la Quebrada de Humahuaca, Manuel
Álvarez Prado, Juan Francisco Pastor
y Guillermo Belmonte. El de Sta. Victoria, al mando de José Antonio Ruiz; el de la Frontera del Rosario que mandaba José Francisco “Pachi”
Gorriti; los de la ciudad de Jujuy, por Bartolomé
de la Corte y José Gabino de la Quintana.
Los de Salta y su campaña, por Santos
Morales, José Luis Burela, Francisco Velarde y Ángel Mariano Zerda; los del Valle de Calchaquí estaban al mando de
Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y Bonifacio Ruiz de los Llanos. A partir
de la acción constante de estos patriotas comenzaron poco a poco a diezmarse
las fuerzas reales de Olañeta, de Pezuela, de Valdés… El estilo de defensa de la guerra gaucha se había hecho
infalible.
En
1815 era designado gobernador y capitán general de la provincia de Salta,
democráticamente, mediante una elección popular, pues Güemes fue un político y
tal condición la reafirma cuando en un primer momento Jujuy desconoció esa
designación, porque no se le había dado participación. Güemes marchó entonces a
la vecina ciudad para requerir el apoyo de su Cabildo. Tras plantear su
inquietud, se retiró de la sala de deliberaciones para que sus representantes pudieran
debatir libremente, representando a Salta el Dr. Mariano Boedo en el estudio de
las bases del acuerdo entre ambas ciudades. Finalizado esto, se realizó la
elección del gobernador con el voto de todos los ciudadanos presentes. Este
episodio honra al pueblo de Jujuy que defendió sus derechos electorales, pero
honra de manera muy especial al general gaucho, que doblegó su espada ante la
soberanía popular.
En
1820 San Martín le envió los despachos de General en Jefe del Ejército de
Observación sobre el Perú. Don Martín Miguel de Güemes y Goyechea, descendiente
del fundador de Jujuy, don Francisco de Argañarás y Murguía. Ha sido considerado
por muchos como el primer caudillo salteño. Para el astuto general realista
Pedro Antonio de Olañeta, era de suma necesidad eliminar al caudillo gaucho, y
no iba a desaprovechar el debilitamiento ocasionado por las desinteligencias
entre Güemes y Bernabé Aráoz, quién se había nombrado presidente de la República
de Tucumán, asimismo, la confabulación de sus enemigos internos, disconformes
con las fuertes contribuciones que imponía el caudillo a una influyente franja
de la población.
Era
la noche del 7 de junio de 1821. Güemes estaba en la casa de su hermana Macacha, quien enterada por un pastor, le avisa que en las
cercanías de Los Yacones se había divisado “como un
reflejo de armas”. La aproximación de los realistas a las órdenes del coronel
José María Valdés, apodado “el Barbarucho”, era un hecho, pero el general no le
dio crédito a esa noticia. La misión de Valdés encomendada por el general
Olañeta, era apresar o asesinar a Güemes. El Barbarucho dividió sus fuerzas ordenando
que rodearan la manzana de la casa donde se hallaba el general salteño. Este
contaba con 36 años de edad, de vida intensa. Había recorrido una sobresaliente
carrera militar, fue un estratega por naturaleza y finalmente fue un gobernante
que supo ganarse un lugar privilegiado entre los más importantes hombres de
América. San Martín, Belgrano y Bolívar, sin duda, han sido pares, con un mismo
objetivo, la independencia del dominio hispánico.
Su
ayudante, el oficial de Granaderos a Caballo don Antonio de Refoxos que había
estado reunido con el caudillo gaucho, se dirige a la Casa de Gobierno y
atravesando la plaza principal, en la oscuridad de la noche, recibe una
descarga cerrada. La ciudad de Salta estaba sitiada por el enemigo que cubría
con cientos de hombres todas las salidas, el general patriota al sentir los
disparos, creyó que era una nueva revuelta interna y sin importancia. Al
enterarse que se trataba de una invasión realista, sale a caballo con intención
de buscar a sus gauchos en su campamento del Chamical, pero -en este mismo
lugar de Balcarce y Belgrano- una bala lo alcanza a traición por la espalda, no
se detiene. Había sido mortalmente herido pero sigue su marcha, dolorosa… hasta
llegar a la Quebrada de la Horqueta, donde, algunos días después, se silenció a
la sombra de un cebil colorado.
Cabe
evocar algunas palabras del poeta salteño Manuel J. Castilla, cuando dice: “El
alba no había mojado aún las ramas de los árboles y el héroe estaba agonizando.
Martín Güemes, su vida, su pulso, era un lento desangre. Como si se estuviera
yendo en auroras para siempre. Como si por herida, por su herida solita y triste,
le lloraran los ojos a la Patria. Martín Güemes se iba puro y en silencio. Sin
que avergonzara su garganta, sin que la quemara el quejido que no es del
hombre.
Apenas
si el ¡AY! se le hacía macho, machazo; se le alargaba en ¡AYJUNA! (…) El héroe
ya no está. Martín Güemes ha muerto. Cuando llega el amanecer, llega sin
sangre. Por la herida del héroe se ha volcado a la tierra”.
El
prestigioso historiador Ricardo Rojas, afirma que el caudillo salteño “fue el
numen de la patria en la defensa del territorio por el Norte. La guerra gaucha
de Güemes, que subsistió hasta su trágica muerte en 1821, formó parte del plan
sanmartiniano, puesto que Güemes hostilizaba a los realistas del Perú en Salta,
mientras San Martín los acometería por el Oeste”.
Su
muerte dejó inconcluso el plan sanmartiniano que tanto había sostenido. Lo que
vino después, no fue igual, en esta parte, en esta región faltaba el caudillo.
La labor fue completada por Bolívar y Sucre, pero con un plan y un desenlace
diferente. Quizá otra hubiera sido la historia con Güemes vivo.
Nada
más. Muchas gracias.
El 15 de junio de 2002 quedó inaugurada oficialmente la
sede del Instituto Güemesiano de Salta, en España 730, oportunidad que el
presbítero Federico Prémoli procedió a la bendición de las instalaciones y
entronizó un cuadro de un Cristo Crucificado.
A continuación, la profesora Ercilia Navamuel disertó
sobre la historia del edificio de la Tesorería Real.
HISTORIA DE LA CASA DE LA TESORERÍA
REAL
Ercilia Navamuel
Por gestiones del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano
de Salta (Decreto N° 545 del 2 de abril de 2002), los propietarios del edificio, la señora Agustina Becker de Vidal, heredera del mismo, y su esposo Gabriel
Vidal, facilitaron en préstamo dos habitaciones del solar ubicado en calle
España 730, donde funcionó la Tesorería Real desde 1789 hasta 1818, según
comodato celebrado con el Gobierno Provincial, mediante el Ministerio de
Educación.
A pedido de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y
Lugares Históricos, fue declarado Monumento Histórico Nacional por Decreto Nº 4.114 del 22 de setiembre de
1971. En razón de su arquitectura, que es característica del siglo XVIII y por
los hechos históricos que ocurrieron entre sus muros (Boletín Oficial de la
Nación, Nº 22.275, del 7 de octubre de 1971).
La
historia de esta casa se entrelaza con la de la familia Güemes, desde el siglo
XVIII, en que fue construida, habiendo sido testigo de muchos episodios
de las luchas por la emancipación americana. Siendo histórica, nunca fue
declarada oficialmente como tal para ser considerada como monumento nacional.
Está ubicada en la manzana comprendida por las calles que
en aquellos tiempos se llamaban del Yocci – por la
fuente de agua de la ciudad-, después se llamó de la Victoria y hoy es España.
Al Este, calle de La Amargura – por la Procesión de Semana Santa que pasaba por
allí- actual Balcarce. Al Oeste, calle de La Estrella, hoy 20 de Febrero. Al
Norte, el Zanjón de Tineo, o sea Avenida Gral.
Belgrano.
El siglo XVIII, fue el de las reformas administrativas
del Estado, imponiéndose el despotismo ilustrado, por el que se centralizó el
poder, haciéndose mayor control, a la vez que se ponía como prioridad lo
económico. Es cuando América se organiza como verdadera colonia al servicio de
los intereses de la Metrópolis. Esto explica la importancia que tenía la
Tesorería Real en las Intendencias.
En la pirámide administrativa estaba el Virrey que era al
mismo tiempo Superintendente General de Real Hacienda, dependiendo en España de
la Secretaría de Despacho, mientras en la colonia presidía la Junta Superior de
Real Hacienda, de la que dependía el Gobernador Intendente, cuyas funciones
eran administrativas, judiciales y principalmente hacienda, debiendo controlar
las finanzas públicas, por lo que intervenía tanto en la tesorería como en la
Junta Municipal de Propios y Arbitrios del Cabildo.
La Tesorería Principal de Real Hacienda era una
institución que tenía por función la recaudación, guarda y custodia de los
caudales del Rey. Estaba integrado por un Ministro Principal de Real Hacienda,
un Contador y un Tesorero. Su sede estaba en la capital de la Intendencia, en
la ciudad de Salta, que tenía dos Tesorerías Subordinadas, la de San Miguel y
la de Jujuy. Dependía del Tribunal Mayor de Cuentas del Virreinato, en Buenos
Aires y de la Junta Superior de Real Hacienda, que coordinaba el mecanismo
administrativo y fiscal de toda la jurisdicción virreinal.
Los caudales se guardaban en arcones con tres cerraduras,
cuyas llaves se guardaban en manos de cada uno de los funcionarios de la
Tesorería, de forma que para abrirlos, debían estar presentes los tres.
Don Gabriel de Güemes Montero fue designado por Real
Decreto el 20 de enero de 1777, como Tesorero Oficial Real de las Cajas de
Jujuy, razón por la que va a residir en ésa ciudad, casándose allí con Doña
Magdalena de Goyechea y de la Corte, perteneciente a una importante familia. En
1778, fue designado también como Administrador de Correos Estafetas y Postas de
Jujuy.
En 1784 don Gabriel de Güemes fue ascendido a Tesorero
Ministro Principal de la Real Hacienda de la Intendencia de Salta del Tucumán,
cuya jurisdicción comprendía Salta, Jujuy, Tarija, Orán, Tucumán, Catamarca y
Santiago del Estero. Por esta razón, don Gabriel, se trasladó a vivir a la
ciudad de Salta, que era la capital. Se domicilió en la casa de la calle de La
Amargura – actual Balcarce 51-, en donde se guardaban las Cajas Reales y allí
nació Martín Miguel, el 8 de febrero de 1785.
En 1789 el acaudalado español teniente coronel de milicias
de caballería, don Manuel Antonio Tejada, hizo construir una casa, en la calle
del Yocci (España N° 730), y la alquiló al Rey, para
que se establezca la Tesorería Real. Por ello, el 3 de abril de 1789 se
trasladaron a este lugar, las Cajas Reales, el Tesorero Principal y su familia,
como lo disponían las Ordenanzas Reales, para garantía y seguridad del Tesoro
Real. En los Libros de Real Hacienda, (Archivo y B. Histórico de Salta, Carpetas
de Hacienda de 1790 a 1810), están los recibos de pago de 350 pesos, del
arriendo de la casa, por parte del gobierno al propietario.
Y así, entre
estas paredes, transcurrirá gran parte de la vida del Héroe Gaucho. Según el
historiador Dr. Atilio Cornejo la habitó desde los 4 años hasta los 22 de edad,
pero es posible que haya sido mucho mas, como luego se comprueba al confrontar
la documentación correspondiente al Gobernador Güemes.
Este edificio, de dos patios y la huerta, la puerta
principal, de dos hojas, da a un zaguán. Tenía hacia adelante las habitaciones
de la Tesorería Real, alrededor del primer patio. En el lado Este, estaba el
Archivo y oficina. En el lado Oeste, otra oficina, un dormitorio para el que
custodiaba las Arcas y una sala, que es la actual Sede el Instituto Güemesiano.
A continuación, hacia el Norte, estaba la parte doméstica
de la familia del Tesorero Ministro Principal. Un patio con pozo de agua y a su
alrededor la sala, dormitorios y mas atrás, la cocina y habitaciones para la
servidumbre, que daban a la huerta o hueco, con puerta hacia el Zanjón de Tineo, actual Avenida Gral. Belgrano.
La casa es como todas la de su tiempo, de anchas y altas
paredes de adobones, cimientos de piedra y techo a dos aguas de teja y tejuela,
con cabriadas en tijera. Puertas y ventanas de
algarrobo con bisagras de alas abiertas y arqueadas, de hierro forjado a
martillo, igual que las rejas y fuertes marcos de quina.
PLANO DE LA CASA
EN EL SIGLO XVIII

El propietario de la casa, don Manuel Antonio Tejada, se
había casado tres veces y tuvo siete hijos. El tercero de ellos, José Román, fue
fruto del primer matrimonio con Catalina Fernández, se casó con Doña Magdalena
Güemes o Macacha, hija de don Gabriel, vivían en la
casa contigua, hacia la calle de La Amargura.
En 1807, muere el Tesorero Ministro Principal, don
Gabriel Güemes Montero y se designa en su reemplazo a don Antonio Atienza,
quién pretendía vivir en la casa de la Tesorería Real, obedeciendo a las
Ordenanzas Reales, (Ley 12, Título 4, Libro 8, de la Recopilación de las Leyes
Reales de Indias). Pero don José Román Tejada, pasó a residir allí con su
familia y los Güemes, alegando ser propietario.
Así se entabla un largo pleito, pues los abogados del
nuevo Tesorero Principal, acusan a Tejada de invadir y poner en riesgo los
bienes del Rey, ya que existía contrato de alquiler.
Don Manuel Antonio Tejada, ofreció hacer nuevo contrato
de alquiler, por 4 años más, si se aumentaba el monto del mismo. Estas
tratativas demoraron la definición del destino del Tesoro Real y la vivienda
del Tesorero, causando gran alarma en la oficialidad.
En 1808, las Cajas Reales se trasladaron a la casa de don
Francisco Antonio González San Millán, por ser grande y segura y haber residido
allí antes, el Gobernador Intendente don Rafael de la Luz.
En 1809, el pleito de desalojo continua, por lo que don
José Gabino Blanco, compadre del nuevo tesorero, ofreció en venta una casa para
la Tesorería, afirmando que era mejor que la de Tejada, que se encontraba arruinada,
caídas las paredes, en especial las de la huerta, que daban al Zanjón.
Debiéndose además, reponer los vidrios de puertas y ventanas, significando un
alto costo su reparación o de lo contrario se ponía en riesgo el Tesoro Real.
Hasta 1812, residieron allí los Güemes, año en que la
viuda, Doña Magdalena Goyechea, pasa a vivir a la casa de su segundo esposo, don
José Francisco de Cangas y Tineo, en la Chacra de la
banda del Zanjón (actual Escuela Güemes), en donde se cultivaba tabaco, hortalizas,
añil y otros productos que abastecían a la ciudad.
El pleito por la Casa de la Tesorería, entre Tejada y las
autoridades, duró varios años mas, hasta que los episodios de la emancipación y
el empobrecimiento general por las guerras, quitaron importancia al asunto,
siendo mientras tanto, residencia de los Tejada y Güemes.
En el juicio de desalojo interviene el gobierno nacional
y fue don Cornelio Saavedra quien dispone que se pague por arriendo de esta
casa, la suma de 450 pesos anuales. Concluye el problema en 1815, pagándosele
el alquiler a don Juan Manuel Tejada.
En el juicio sucesorio del teniente coronel don Manuel
Antonio Tejada (Exp. N°12 de 1827), está el
testamento redactado en Tupiza, el 20 de noviembre de 1814, en el que dice: “La
casa en que hoy invisten las Reales Cajas que tengo hecho en calidad de
arrendamiento con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres por lo que se
me ha de contribuir anualmente el arriendo de 450 pesos...”. Se demuestra así
como se había celebrado nuevo contrato de arriendo de la Casa de Gobierno. Tengamos
en cuenta que desde 1815, era gobernador de Salta, don Martín Miguel de Güemes
y por su parentesco con el propietario, indudablemente siguió ocupando el
edificio.
En 1819, el Gral. don Martín Miguel de Güemes, ocupó como
Casa de Gobierno, la propiedad inmueble de Graña,
frente a la plaza principal. De esta manera, el edificio de la calle del Yocci, dejó de cumplir funciones gubernamentales, para únicamente
ser la vivienda el Héroe Gaucho y vecino de su hermana Macacha.
En 1816 las Cajas, muebles y archivo se habían trasladado
a la casa de don Francisco Aráoz, (Esquina Alvarado y Buenos Aires), y en
agosto de 1819, la Tesorería pasó a la casa de don Nicolás Severo de Isasmendi
(En España 651), hasta 1825.
Las paredes de esta casa fueron testigo de toda la gesta güemesiana, de las reuniones de los patriotas que
decidieron el destino de estas tierras y de las secretas entrevistas de los hermanos
Güemes, hasta la emboscada del 7 de junio de 1821.
Ese día, a la madrugada, se escucharon tiros y el ruido
de cascos de caballos y tropas que integraban el ejército realista que invadía
Salta, se ubicaron rodeando la manzana del domicilio del General.
Don Martín
Miguel, visitaba a su hermana por un falso mensaje de que debía verla con
urgencia, allí se entera de que ella no lo había llamado. Ante las noticias de
la invasión, Macacha le aconseja salir por atrás
hacia el Zanjón, el General se niega, pues en la puerta le esperaba su escolta.
Monta en su oscuro y galopa por la calle de La Amargura, entre el fuego cruzado
de los emboscados y al atravesar el Zanjón es baleado por la espalda. Siguieron
diez días de agonía, acompañado por sus fieles, muere en la Quebrada de la
Horqueta en donde había encontrado refugio seguro.
Por todo esto,
el edificio construido por Tejada para la Tesorería Real, es hasta la actualidad,
más conocido como la Casa de Güemes, habiendo sido en algún momento, Tesorería
y Casa de Gobierno además del domicilio particular de los Güemes.
El 19 de
setiembre de 1839, el Pbro. Juan Manuel Tejada, vendió la casa a don José Ramírez
de Ovejero, ante el Escribano Francisco Pinto, mencionando como límite Este de
la propiedad, la casa de su finado padre Manuel Antonio Tejada, (esquina España
y Balcarce).
En octubre de
1889 la casa es heredada por Doña Esther Ovejero de Becker.
En 1940 la casa es dividida y la parte Este pasa por posesión treintañal a Doña
María Amalia Saravia de Martínez. En 1941, se remata a favor de Luis Carlos
Antonio Fozati quién la vende, en 1951, al Centro de
Empleados de Comercio.
La otra parte,
al Oeste, con los patios, el 3 de agosto de 1942, fue adjudicada al doctor
Ernesto Teodoro Becker Ovejero, por fallecimiento de
su madre Doña Esther Ovejero de Becker, continuando
hasta la actualidad en propiedad de la familia Becker,
en la persona de Agustina Becker Lastra de Vidal, a
quién se debe que el Instituto Güemesiano de Salta pueda tener su Sede desde el
año 2002, en esta Casa Histórica.
Fuente
Documental y Bibliografía
Archivo y B. Históricos de Salta:
Caja Güemes. Exp. Juicio de Desalojo contra la familia del Tesorero Gabriel
Güemes Montero, año 1807.
Archivo y B. Históricos de
Salta: Carpetas Judiciales. Testamento de don Manuel Antonio Tejada. Expediente
N° 12 de 1827
Güemes, Luis: 1990, Güemes Documentado.
Plus Ultra. Buenos Aires.
Zorraquín Becú, Ricardo: 1962, La Organización Política Argentina. Ed. Perrot. B. A.
Acevedo, Edberto
Oscar: 1965, La Intendencia de Salta del Tucumán. U.N.de
Cuyo.
Cornejo, Atilio: 1971,
Historia de Güemes. Ed. Artes Gráficas. Salta.
Vidal, Gabriel: Casas donde
habitó M.M. de Güemes. Monografía mecanografiada.
El 17 de junio se cumplió el acto académico, cuya
apertura estuvo a cargo del presidente del Instituto Güemesiano de Salta, don Andrés
Mendieta. La conferencia a cargo de don Martín Miguel Güemes Arruabarrena fue impresa por la Universidad Católica de
Salta y se distribuyó en el acto.
MARTÍN GÜEMES: LEYENDA Y
REALIDAD.
DE MITRE A LA ACADEMIA
NACIONAL
DE LA HISTORIA
Martín Miguel Güemes Arruabarrena
Rosas y Mitre:
la historiografía académica y el revisionismo histórico.
Bartolomé
Mitre, gestor intelectual del iluminismo argentino, nació en l82l, el mismo año
de la muerte de Martín Miguel de Güemes, máximo defensor de las provincias
argentinas, e integrador regional del Noroeste con el Alto Perú. Su circunstancia
natal es la anarquía de 1820, y su secuela: el gobierno de don Bernardino
Rivadavia. En su adolescencia, instalada la dictadura Rosista,
Mitre se exilia en la Banda Oriental, la patria del desterrado José Artigas.
Conoce también la realidad Boliviana. En su lucha libertaria contra Juan Manuel
de Rosas vivió exiliado en esos países, luego en Chile. De esta forma, pudo
interiorizarse de su historia. Paradójicamente, luego de la derrota de
Ballivián (presidente boliviano) su protector en el exilio, Mitre es expulsado
al Perú, y debe cruzar el río Desaguadero por el puente del Inca, para radicarse
en la tierra de Tupac Amarú,
y luego en Chile.
Rosas y Mitre, a pesar de sus
enfrentamientos, son las dos caras de una misma moneda acuñada en Buenos Aires.
Rosas es en los hechos quien construye la actual Argentina, y Mitre quien
consolida nuestro país en la faz institucional e historiográfica. Don Juan
Manuel de Rosas por pensamiento y acción fue quien intentó reconstituir el Virreinato
del Río de la Plata, con eje de poder en Buenos Aires. Es el restaurador de las
leyes del antiguo régimen. Don Juan Manuel no participó en las luchas por la
independencia nacional, quizás porque en su fuero íntimo, en la guerra civil
sudamericana (que eso fue la lucha contra España) estaba más cerca del absolutismo
peninsular. Su ingreso a la vida pública se produce por la anarquía de l820,
como hombre de orden, y no por apoyar la campaña Sanmartiniana. En esos días
San Martín desembarca en el puerto de Paracas, y espera el avance de Güemes por
el Norte. El conductor de la tierra en armas – Güemes- solicita auxilio a las
provincias para cumplir con el plan del Libertador. Buenos Aires y el litoral
se debaten en luchas fratricidas. La anarquía triunfa sobre la unidad nacional.
Es el año 20: el 20 de Junio muere el Gral. Manuel Belgrano (en el día de los
tres gobernadores). Con la irrupción del gaucho de los cerrillos y sus
colorados del monte se restablece la paz de los hacendados. El pacto del
restaurador (Juan Manuel de Rosas) y el caudillo Santafesino (Estanislao López)
se consolida con las vacas entregadas por la provincia de Bs. As. a Santa Fe.
Buenos Aires y el litoral recuperan la tranquilidad comercial. Salta y Jujuy
entretanto, se desangran por la independencia nacional. En la anarquía litoraleña, y posterior dictadura bonaerense, el término
libertad queda relegado a los campos de batalla entre unitarios y federales. La
independencia se recluye en las selvas, montes y ríos del norte argentino, y en
el altiplano boliviano. Por ello el liberalismo
portuario o el nacionalismo
bonaerense nunca comprendieron a Güemes, salvo como defensor de la frontera norte o
caudillo gaucho. No pueden concebir que el Noroeste fuera el eje del país
de los argentinos entre l816 y 1821.Es de reconocer que Rosas y Mitre, tras la
muerte de Güemes, y el exilio de San Martín, evitaron con su accionar la
disgregación del actual territorio argentino. Desde esta perspectiva, la
academia nacional de la historia, y el revisionismo, admiten a Güemes como
patriota y defensor de las Provincias Unidas del Río de la Plata. No pueden
reconocerlo como integrador regional de las Provincias Unidas de Sudamérica o
arquitecto militar del estado nacional de la Patria Grande. Urquiza,
luego de Caseros, al instaurar el imperio de la ley, el estado de derecho,
sumado al accionar de Mitre en la Guerra del Paraguay, Roca y la conquista del
desierto, crean el estado nacional argentino, construido sobre la disgregación
de la Nación Suramericana. Este estado, es el que hoy se encuentra en agonía,
debatiéndose de gobierno a gobierno, de tumbo en tumbo. Hoy como ayer, la
crisis argentina encuentra la causa original de sus discordias en la ausencia
del Estado Suramericano.
La Patria
Grande: el revisionismo norteño.
Con
Bernardo Frías a principios del Siglo XX, Atilio Cornejo a mediados de la década
de 1940, y Luis Güemes Ramos Mexía a fines de 1970, la historiografía norteña
reinstala a Martín Güemes como parte fundamental del plan Sanmartiniano de
liberación continental.
Nuestra posición histórica, sustentada en
los estudios de los autores citados y sus seguidores (Juan Manuel de los Ríos,
Luis Leoni Houssay, Luis Oscar Colmenares y el Instituto
Güemesiano), es la siguiente: Martín Güemes, ciudadano y militar del nuevo
Estado Suramericano (organización institucional nacida el 9.7.l8l6 en el Congreso
de Tucumán), constituido sobre la nación preexistente (el Virreinato del Río de
la Plata) y el federalismo regional (la Intendencia de Salta del Tucumán), es
parte de una concepción política-institucional que ha sido cubierta por la
historiografía oficial. Pertenece - Güemes - por derecho de conquista espiritual
al Estado Mayor Independentista que constituyeron: San Martín, Belgrano y Pueyrredón,
en procura de construir los Estados Unidos del Sur. Su accionar fue minimizado
en el plano militar ("el guerrillero
genial"), tergiversado en el político - social ("el caudillo gaucho") y coartado de su ámbito geográfico
de proyección continental ("el
defensor de la frontera norte").La leyenda del "señor gaucho" esconde la realidad: Martín Güemes es un
criollo, un militar de carrera, conductor de la tierra en armas organizada en
milicias gauchas (se basó para su estructura militar en el "reglamento para las milicias disciplinadas de infantería y
caballería del Virreinato de Bs. As." impuesto por Sobremonte
en l80l). Un integrador regional, que procuró la libertad e independencia de la
Argentina, y del Alto Perú (actual Bolivia), y que protegió desde l8l6, a
pedido de sus habitantes, el actual norte de Chile (perteneciente entonces, a
la Intendencia de Potosí). Es oportuno remarcar que la vanguardia del Ejército
Güemesiano al mando del Cnel. José Miguel Lanza
(oriundo del Alto Perú) inició su avance en Diciembre de l820. Porta precisas
instrucciones de Güemes de cómo comportarse política y militarmente en los territorios
a ocupar. Dicha vanguardia combatió hasta la victoria final al mando de San Martín
y Bolívar. El asesinato de Güemes en Salta en l821, por acción de un complot
cívico-militar en connivencia con el enemigo absolutista español, impidió que
su ejército de milicias gauchas llegara triunfante al Alto Perú, o entrara en
Lima junto al ejército de los Andes. ¿Fue el Cerro de Potosí clave del desafortunado
acontecer en las guerras por la independencia del Plata?”, se pregunta el Dr.
Luis Güemes. La documentación expuesta al análisis histórico, en su obra: “Güemes Documentado” muestra que así
ocurrió en aquellos tiempos. El Potosí era el eje de una inmensa esfera. En el
girar de la inmensa esfera radicó en verdad la causa de las causas de la
crucifixión de Güemes a los 36 años de edad. ¿Qué hubiera ocurrido de ocupar
Güemes el Potosí, conservando el equilibrio de poder entre Bs. As. y Lima?. Sin
duda, el norte argentino y el Alto Perú se convertían con su accionar en el eje
de una nueva esfera continental, con consecuencias mundiales. Con su muerte, se
impidió el cumplimiento del verdadero Plan Sanmartiniano, que no nace de una carta apócrifa (San Martín a Saturnino
Rodríguez Peña del 22.4.l814, “la patria no hará camino por este lado del norte
que no sea una guerra permanente defensiva, defensiva y nada más; para eso
bastan los valientes gauchos de Salta.”.). La carta de San Martín a Saturnino
Rodríguez Peña fue publicada por primera vez por Vicente Fidel López en su
trabajo “La Revolución Argentina”, en
1881, siendo reproducida por Mitre en su “Historia
de San Martín y la Emancipación Sudamericana” editada entre 1887 y 1890,
como si fuera auténtica, y desde entonces, todos los que trataron el tema la
repitieron hasta hacerla famosa, aunque todos omitieron, incluso Mitre por supuesto,
hacer la crítica más elemental, que se imponía porque Vicente Fidel López
escribió a aquél que “había tomado el trasunto que rehice de memoria”, todo lo
cual resultó en una “trascripción hecha por reminiscencias”. Don Bartolomé Mitre
en sus polémicas con Vicente Fidel López, Dalmacio
Vélez Sarsfield y Alberdi, reconoce el papel defensivo de Güemes, no así su acción ofensiva continental complementaria del
pensamiento Sanmartiniano. Alberdi en "Grandes
y Pequeños hombres del Plata" desenmascara esta actitud mental de
Bartolomé Mitre en relación a su libro "Belgrano
y la independencia argentina", expresa Alberdi: “En el libro de Mitre
ha sido tratada la historia de la revolución de América en la parte que se
refiere al Río de la Plata.”. Es de reconocer – a pesar de sus epígonos - en
Bartolomé Mitre una posición autocrítica en relación a Güemes. Después de escribir
su “Belgrano” en su obra: “San Martín y
la Emancipación Sudamericana”, expresa: “Así terminó esta famosa campaña,
la más extraordinaria como guerra defensiva, ofensiva, la más completa como
resultado militar, la más original por su estrategia, su táctica y sus medios
de acción, y la más hermosa como movimiento de opinión patriótica y
desenvolvimiento viril de fuerzas, de cuantas en su género puede presentar la
historia del nuevo mundo. Salta correspondió a las esperanzas que en ella había
depositado la república entera, y el caudillo que la dirigió en esta desigual y
gloriosa lucha se hizo acreedor a la corona cívica y a la gratitud de sus
conciudadanos.”. (“La guerra de los
gauchos” – 1817). Como presidente de la Junta de Numismática Americana,
antecedente de la Academia Nacional de la Historia, – Mitre - en carta a Martín
Miguel Güemes Castro (nieto del General), el 17 de Junio de 1894, con motivo de
un aniversario de la muerte de su antepasado, le expresa: " En el aniversario 73º del trágico fin del glorioso defensor de
Salta, General Martín Miguel de Güemes, esta Junta de Numismática Americana, ha
creído rendir un merecido homenaje a su memoria, mandando acuñar la adjunta medalla
conmemorativa de sus hazañas en la era inolvidable de nuestra independencia.
Reconociendo en Ud. a uno de los dignos descendientes
de aquel Gran Patriota, sírvase aceptarla como una prueba palpitante de que se
aproximan los días de reparación y de justicia para los que, como su ilustre
antecesor, nos legaran una patria libre y soberana. Con tal motivo, tenemos el muy satisfactorio de ofrecer a Ud. las seguridades de mayor consideración. Firman: Bartolomé Mitre, Ángel Justiniano
Carranza, José Marcó del Pont, Enrique Peña, Alejandro
Rosa. El acto reivindicatorio sobre Güemes, de parte de la Junta de
Numismática Americana, equilibra y proyecta sus opiniones sobre el caudillo en
el campo de la historia. Y enaltece a Mitre, por su honestidad intelectual, y
su demostración de patriotismo argentino.
La justificación a Mitre,
desde nuestro punto de vista, se encuadra en la comprensión de su vocación
unitaria, de su visión portuaria, de su voluntad de construir el país posible
alrededor de la ciudad-puerto y la pampa húmeda. En suma: de su accionar por la
creación de la república “posible”, y su empeño por elaborar una nueva memoria
colectiva acorde a esta construcción política. No debemos olvidar que la
tertulia erudita que conformaban, desde el 4.06.1893, los fundadores de la
Junta de Numismática Americana, se convirtió con el tiempo, en el tribunal
intelectual de la clase dirigente de la llamada generación del 80.La historia
modelada para construir nuestro país por Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre,
excluía a Güemes de su vocación integradora y americanista; de esta forma
nuestra historia se negaba a sí misma al encerrarse en un asfixiante círculo vicioso.
El país atlántico olvidaba al país andino. El norte argentino se convertía así
en el patio trasero de la política rioplatense. El olvido de los historiadores
académicos, con sede en Buenos Aires, del papel fundamental del Alto Perú, del
Norte Argentino, y de su conductor político – militar: Martín Güemes, obedece a
esta visión portuaria de la historia. Bien expresa, Carmen Rosa San Miguel,
artista plástica salteña: “Se lo negó por
envidia...La historia argentina está escrita a entero sabor porteño con trivial
vanagloria y nada más. Es una especie de patriotería decorativa, mas que una autentica
verdad....La verdad es que la historia se escribe con sangre, y no con tinta.”;
Güemes selló con su sangre este pacto con la tierra “tras él había algo grande y legendario, lo americano, que influía
sobre su espíritu y le daba imaginación creadora y talla gigantesca, porque
estaba poseído por ese numen.”. Salta y el Norte dieron sobradas pruebas de
su sacrificio a la gesta de la independencia y la libertad. Continúa Carmen
Rosa San Miguel: “Era toda Salta que les
hacía frente y esta provincia el corazón geográfico de la zona subtropical del
continente. Era el nudo gordiano de la
raza criolla que los españoles
no pudieron desatar”.
Nostalgias
de futuro: una historia regional integradora
A pesar de los estudios historiográficos mencionados y de la necesidad
de la integración regional por exigencias de la nueva situación mundial, los
historiadores académicos, y sus divulgadores, siguen repitiendo las mismas
teorías folklóricas sobre el caudillo
gaucho y su guerra de guerrillas
defensor de la frontera norte. La
leyenda esconde la realidad. La ficción educadora del país de los argentinos
cubre la memoria de la Patria Grande. Es preciso descubrir la verdad histórica,
para la realización de una auténtica política de integración en nuestro país, y
en la región del noroeste argentino, del sur boliviano y el norte chileno, con
proyección cultural al MERCOSUR. Las actuales provincias de Salta, Jujuy,
Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán, deben superar sus rencillas aldeanas,
primero en el campo historiográfico, para construir un consenso entre historiadores
norteños, dejando de lado lo que nos separa, y trayendo a la memoria colectiva
lo que nos une: el proceso emancipador continental.
No debemos disimular los males de nuestra patria, principalmente la
falta de memoria histórica de su actual clase dirigente. No debemos prestarnos
a un optimismo demagógico sobre la realidad de nuestro pueblo. Es notable en
los últimos años su falta de experiencia histórica. La participación es la
forma que adquiere el patriotismo en estos tiempos. En el convencimiento que si
llegara a perderse el espíritu nacional, el espíritu de patria, el principio
activo de vitalidad de la república, estaríamos ante un síntoma de próxima
muerte, y de extinción de la paz social ( palabras expresadas por Manuel
Antonio de Castro, maestro del Gral. Güemes, en su opúsculo: “Desgracias de la
Patria” de 1820), afirmo la necesidad de realizar una profunda introspección
personal y comunitaria de nuestra memoria histórica, desde la perspectiva de la
pluralidad de lo nacional Suramericano.
El 7 de junio se cumplió el acto académico del Instituto
Güemesiano de Salta, cuya apertura estuvo a cargo de nuestro presidente, don
Andrés Mendieta y de nuestra vicepresidente, doña Ercilia Navamuel. La
conferencia estuvo a cargo del doctor Apolo Prémoli López.
EL CAMINO DEL GENERAL
MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
HERIDO
El
presente trabajo sobre: “El Camino del Gral. Martín Miguel de Güemes Herido”,
es un prolija revisión de la ruta que siguió el Héroe luego de ser herido por
una partida realista, cuando trataba de alejarse de la ciudad de Salta,
invadida por quinta vez por fuerzas españolas, durante la guerra de la
Independencia.
Este
hecho, luego de estudiar los autores más autorizados sobre el tema, me planteó
numerosas dudas, por lo que resolví realizar una investigación histórica, de
una forma más minuciosa siguiendo la metodología científica, tratando de
enriquecer la historia de la ruta seguida por el Gral. Güemes herido.
Nuestra
investigación, está basada en el ordenamiento esmerado de los datos aportados
por:
1° La
Tradición Oral, siendo la “Historia del Gral. Martín Güemes”, del Dr. Dn. Bernardo
Frías, (en mi buen entender) la mejor recopilación sobre el tema que nos ocupa.
2° La
Documental, quizás, la de mayor importancia, pues existe una cantidad de documentación
que no ha sido aún clasificada y que merece su atención, en diversos archivos y
bibliotecas, en diferentes ciudades del país.
3° Y por
último el estudio y reconocimiento del Ámbito Geográfico, por donde transitó
nuestro personaje herido, hasta el lugar donde murió.
Con
todo lo hasta ahora reunido –algo más de 500 citas bibliográficas- y
establecidos los hechos, hemos realizado un trabajo de análisis y una obra de
síntesis, tratando de llenar, merced a un proceso de reflexión, las inevitables
lagunas.

“Mapa del Camino Seguido por el Gral. Güemes Herido”
A- Según la documentación investigada
B- Según la tradición oral
V- Campamento de Velarde
T- Tincunaco
L- Posta “La Lagunilla”
H- Puesto de la “Higuera” (Fca. Las Higuerillas)
Mapa publicado por: Secretaría de la Gobernación de
Turismo de la Pcia. de Salta
(Notas del autor)
I.- El General Güemes es Herido de Muerte
Güemes,
desde su vuelta de Tucumán, residía transitoriamente en su campamento de
Velarde, mejor dicho en su finca “El Carmen”, donde mantenía una especie de
academia militar[66].
El Cnel. Jorge Enrique Vidt, en una
carta al Gral. Dn. Dionisio Puch, de fecha 8 de Abril de 1866, dice:
“Nosotros
estábamos acampados a un legua, más o menos de Salta, organizando las fuerzas
de la Provincia para marchar al encuentro del enemigo, cuando el Gral. Güemes
tuvo la fatal idea de ir, durante la noche, escoltado por algunos hombres de
caballería a la ciudad a objeto de tomar allí, personalmente algunas
disposiciones…”[67]
En
las afueras de la ciudad dejó parte de su escolta en un lugar denominado el “Tincunaco”,[68]
que serviría de apoyo en caso necesario y continuó la marcha hacia el centro, a
la casa de su hermana Magdalena, donde fue sorprendido al oír disparos de fusil
en dirección a la plaza y enseguida otros más, entre voces confusas.[69]
Nota
1: Pienso que el camino que siguió el Gral. Güemes con su escolta, cuando se
dirigió a la ciudad de Salta, la noche del 7 de junio de 1821, fue por el
antiguo camino de las “Bumbunas”, por ser el más
directo desde “Velarde”, donde tenía su campamento principal y que corría muy
cercano al Tincunaco. (hoy este camino es la calle S.
Felipe y Santiago).
También
considero, que es muy probable, que la escolta no quedara a la espera en la
propia zanja del Tincunaco, por ser esta de un fondo
fangoso con abundancia de mosquitos y otras alimañas, y que lo hayan hecho en
la antigua fábrica de pólvora, casa que databa de la época de la batalla de
Salta, rodeada de una gruesa pared de adobe, que era como una fortaleza,
conservada hasta mediados del siglo pasado, lamentablemente fue demolida y
estaba situada en la Av. Independencia y S. Felipe y Santiago.
“A la
voz de “El Enemigo”, saltó el Gral. Güemes en su veloz caballo, no habiendo querido
escapar solo por la espalda de la casa, y seguido de su valiente grupo, cargó
sobre las columnas que le cerraban el paso: un granizo de balas lo rechazó
perdiendo casi toda su escolta, hizo un gran esfuerzo (el que hacen siempre las
almas grandes en los grandes conflictos) y partiendo como un rayo con la espada
en la mano, atropelló con la rabia del tigre acorralado, sobre la maza erizada
de bayonetas; no hiende la flecha disparada por el arco teso con más presteza
los aires, que el intrépido Güemes, atravesó banda a banda la columna enemiga…
Pero
el Gral. Güemes, llevaba la muerte en su seno; una de las mil balas que destrozaron
sus vestidos, había atravesado su cuerpo, regando en sangre la senda gloriosa
que seguía.”[70]
Dn.
José Manuel García, en unos apuntes suyos, entregados personalmente al Dr. Domingo
Güemes y que obran en el archivo Güemes, en 1882, dice: “Lucio Archondo, hijo de Dn. Tomás Archondo,
mandaba la barricada de 50 cazadores (realistas) donde hirieron a Güemes. Dn.
Tomás era español y Lucio salteño.”[71]
Esta
barricada de los realistas debió ser, seguramente, la que estaba sobre el puente
del tagarete, que menciona Frías[72],
o en su extremo norte, cuidando la puerta posterior de la casa de Güemes, que
daba al Tagarete de Tineo.
Estos
soldados de caballería (en el texto original), habrían estrechado a Güemes,
hiriéndolo a quemarropa y no con una bala “disparada al acaso”[73].
Este comentario me parece acertado, por lo que vamos a expresar luego.
La
infantería española, durante las guerras de la Independencia Americana, estaba
armada con fusiles de chispa, calibre 18.4 mm., que
disparaban un proyectil pesado de 10.30 grs., lanzado a velocidad moderada,
dando así una trayectoria muy curva y su efecto principal era de impacto, más
que perforante; equipado con un mecanismo de puntería elemental, constituido
por el punto de mira y el alza de mira, para determinar la línea de puntería.[74]
Sin
detener la carrera, el Gral. Güemes, atravesó en diagonal al campo de “La
Cruz”, acompañado por unos pocos, herido gravemente y sin perder la posición
que llevaba, abrazado al pescuezo de su caballo, rumbo al cerro San Bernardo
cuya falda costea, según Frías, por la quebrada de Burgos[75];
conforme Atilio Cornejo, quebrada de Robledo[76].
Pienso que ambas denominaciones, corresponden a la misma quebrada, la que es
también llamada de “Chacha-Polla” y que se menciona
en el expediente militar del Cnel. Gaspar Burgos.[77]
De
acuerdo a los daros recogidos por Frías, la intención de Güemes era: “volar al
campamento que tenía en Velarde, dos leguas al sur de la ciudad”[78];
Cornejo dice: “…torciendo hacia el Sur llega al alba a la “Quesera” y continúa
hasta su campamento…” (en Chamical).[79]
Siguiendo
con lo referido, el general Güemes herido, sigue por la falda opuesta del cerro
San Bernardo, “…llegando al río de Arias, allí encontró apostada sus partidas…
lo descendieron del caballo, le prepararon una camilla y emprendieron camino
hacia las haciendas de “La Cruz”.[80]
II.- Consideraciones Sobre la Herida que Padeció el
Prócer
Creo
prudente hacer un análisis de la herida que padecía el Gral. Güemes, con algunas
consideraciones médicas. Para ello nada más ilustrativo que el decreto del Dr.
Dn. José Ignacio Gorriti, Gobernador de Salta, de fecha 14 de Noviembre de
1822, que expresa:
“… al
patriota cirujano Doctor Antonio Castellanos…, por la forma abnegada, leal y
generosa con que prestó sus servicios en los últimos días de vida que subsistió
el extraordinario patriota Gral. Cnel. Dn. Martín
Güemes, realizando sobrehumanos esfuerzos para mitigar sus dolores y para hacer
más llevadera su conmovedora agonía corporal, carcomido por la confluente gangrena
del tétano que lo llevó a la tumba, con plena entereza y lucidez de facultades,
el día 17 de Junio de 1821, como consecuencia de la bala recibida en el
espinazo y que le destruyó la ingle derecha, en la acción inicua de la noche
del 7 de Junio que conduele para siempre a la Patria,…
Salta, 19 de Noviembre de 1822
Doctor José Ignacio de Gorriti
Gobernador de Salta.”[81]
El
Dr. Rafael Zambrano, en Buenos Aires, ha realizado un prolijo estudio “sobre
las causas médicas que determinaron el deceso del Gral. Martín Miguel de
Güemes”, a solicitud del Dr. Luis Güemes, de acuerdo a la documentación que
existe en el “Archivo Güemes”, manifiesta concretamente:[82]
“Que
el Gral. Güemes sufrió: una herida de bala, con orificio de entrada a nivel de
la región glúteo izquierda, en su límite superior – reg. sacro-coxigea; más precisamente por la escotadura sacro-ilíaca
(nota del autor) – orificio de salida en la región inguinal derecha. Su trayectoria
va de izquierda a derecha, de atrás adelante y de arriba abajo”.
La
dirección de esta trayectoria, se debe a la posición del herido, que iba
agachado sobre el flanco derecho del caballo y que el trayecto de la bala es
aparentemente caprichoso, atravesando la pequeña pelvis.
Si
consideramos el trayecto seguido por el proyectil, es difícil concebir, que no
haya afectado alguno de los órganos de la pelvis, tanto del aparato digestivo
(recto) o del aparato urinario (vejiga y uréter); es necesario descartar
lesiones vasculares, de las arterias y venas que atraviesan la pelvis, cuya
lesión por el caudal sanguíneo que transportan hubiera causado una hemorragia
grave, mortal en pocas horas. Debemos considerar que la gran mayoría de las heridas
de bala en la región pelviana presentan fracturas conminutas de los huesos del
anillo óseo pelviano; sobre todo como en este caso por tratarse de una bala con
efecto de impacto más que debe haber sido afectado en los huesos pelvianos, por
la forma en que pudo mantenerse cabalgando por un largo trecho.
Para
considerar la magnitud de la herida que recibió el Gral. Güemes, he tratado de
hacerlo en la literatura médica que versa históricamente sobre el tema. Lo
encontré en el “Tratado de Patología Quirúrgica” de Cambell
M.F.[83],
donde en su capítulo 20 (Injueries of the Pelvis), el Doctor George C. Prather comienza con el
historial de estas lesiones; cita un importante tratado de Du
Baron D. J. Larrea (1817)[84],
quién con una extraordinaria experiencia en las guerras Napoleónicas,
diagnostica estas heridas con un pronóstico siempre fatal. En “Medical and Surgical History
of the War”,
publicado en 1876, sobradamente documentada por George
A. Otis[85],
comparte la opinión sobre la gravedad de las heridas de bala en la pelvis,
siendo siempre fatales.
En la
literatura médica nacional, no hay datos históricos tan precisos como los citados,
pero las opiniones son concordantes con las mencionadas.
Llegamos
así a la conclusión, basada en la documentación consultada de escritos históricos
de la literatura médica nacional y extranjera, que la herida recibida por el
Gral. Güemes era muy grave y con los medios terapéuticos de la época, era una
lesión fatal, como bien la diagnosticó el Dr. Castellanos.[86]
III.- Resumen Historiográfico
Retomando
la crónica del relato histórico –conforme: “Historia del Gral. Martín Güemes”,
del Dr. Dn. Bernardo Frías[87]
-el Gral. Güemes, para alcanzar su partida que se encontraba a la espera en el Tincunaco, tuvo que recorrer un buen trecho desde el lugar
donde fue herido –puente del Tagarete de Tineo- pasando por el campo de la Cruz, quebrada de Chacha-Polla (prefiero nombrarla así para ser más preciso),
falda opuesta del cerro San Bernardo, portezuelo grande, pasar el zanjón del
este, hasta donde fue desmontado.
De
acuerdo con la relación expresada:[88]
“…le prepararon una camilla, y colocado en ella, emprendieron camino hacia la
Cruz, propiedad del general, y del Chamical. Aquí conviene hacerse una
pregunta: Por qué el Gral. Güemes no fue llevado al campamento de Velarde, donde
se encontraba el grueso de su ejército y que además podía contar con tres
partidas importantes de apoyo, comandadas por tres patriotas que le respondían
en forma incondicional, la de Dn. Luis Buerla, en la
Angostura – San Agustín-, la de Dn. Alejandro Burela, en la Merced de Abajo y
la de Dn. Pedro Zavala, en Cerrillos, que se encontraban a corta distancia?[89]
Continuando
con esta relación:
“…marchando
entre el río y la montaña…”. Para aseverar esto, consultamos varias mapotecas, tratando de encontrar algún mapa de la época[90].
Encontramos un mapa de 1845: por la costa del río Arias se extiende un bañado
de varios kilómetros de extensión, de manera que hacerlo por ella resultaría
imposible de transportar un herido grave, que necesitaba un cuidado especial
“…hasta la cuesta de la Pedrera…”
“Ascendieron por ella y la trastornaron, de igual
manera lo hicieron con otra de menor elevación…”. Desde la Pedrera, hasta la
Quesera, se extiende el camino sinuoso, y hay una distancia de 10 Km. y de esta
a la Finca La Cruz, 5.2 Km. “…y se internaron al fondo de la quebrada del Indio…”,
debiendo recorrer 8.1 Km. más.[91]
La
cuesta que se menciona, desde muy antiguo fue denominada del “Cuarteadero”, por lo empinada que es, y transportar una
persona en una camilla no debe haber sido fácil, por la cantidad de portadores
que se necesitaban, con un enemigo que acechaba constantemente. Las dos sendas
que son caminos de herradura deben ser desechadas, por ser imposible llevar una
camilla con un herido en esas condiciones. Además si calculamos distancias y
tiempos por los relatos de la tradición oral, no son coincidentes.
Tampoco
resulta lógico, que si la caravana con el ilustre herido se dirigía al “Chamical”,
luego de sobrepasar la casa de la finca de “La Cruz”, cambiara de dirección
para internarse en la quebrada del Indio.[92]
“En
efecto, Güemes, herido la noche del 7 de Junio de 1821 en la esquina de Belgrano
y Balcarce de la ciudad de Salta, parte en busca de sus gauchos, rumbo al
“Chamical”, pasando por “La Lagunilla, Las Higuerillas, la cañada de la Tala y
la cañada de la Horqueta, a poca distancia de la Estancia de su madre “La Cruz”
y del Chamical, campamento de sus gauchos. Allí fue, donde al pie de un cebil
colorado, murió Güemes,…”[93]
El
párrafo precedente, está copiado literalmente del libro, “Historia de Güemes”
del Dr. Atilio Cornejo, el mismo es un apartado resumen de la ruta seguida por
el Gral. Güemes herido.[94]
La
“Comisión de Homenaje a Güemes”, presidida por el Gral. Gregorio Vélez, levantó
un acta el 13 de Febrero de 1932, luego de un reconocimiento por la Quebrada de
la Horqueta, en donde interrogado Dn. José Nina, nieto de José Nina que fue
peón del Gral. Güemes, manifestó que: “…su padre le contó por donde vino el
Gral. Güemes hasta ese punto, según su abuelo vino por “Las Higuerillas”, pasó
por la Cañada del Tala y llegó a aquel lugar donde no pudiendo seguir más, bajó
del caballo y permaneció en ese sitio hasta que murió…”.[95]
Esta declaratoria no es coincidente con la documentación al respecto, pero
señala el camino seguido.
IV.- Nuestra Indagación Histórica
Así
herido el Gral. Güemes, no cayó en su silla, cruzó el campo de la Cruz y penetrando
en la quebrada de Chacha-Polla –como también lo
sugieren los dos historiadores citados- se dirigió hacia el este hasta una
posta que existía como a 8 Km. de la Ciudad de Salta, en la Lagunilla, conocida
como de Da. Pancha Luna. El Cnel. Dn. Eusebio Mollinedo, cuenta en sus escritos que:[96]
“…Herido gravemente en la columna vertebral por un disparo de arma de fuego de
una partida enemiga y luego de padecer dolores lacerantes que sobrellevó con la
entereza de su carácter forjado en las vicisitudes de la guerra, llegamos a la
posta de La Lagunilla… Allí fue asistido y sirvió de descanso”. Desde ese lugar
se mandó avisar al Cmte. Ríos, que esperaba con el
resto de la escolta en el Tincunaco, [97]
para que informara de la situación a las fuerzas acampadas en el campo de Velarde
y se incorporara a la partida, además al Presbítero Dn. Francisco Fernández, de
la situación que se encontraba el general herido.[98]
Nota
1: El Cnel. Manuel Gregorio Reyes, detalla los
méritos y servicios del Presbítero Dn. Francisco Fernández en relación con
Güemes y su muerte.[99]
“…potro.
Dn. Francisco de Paula Fernández, capellán de la Legión de Infernales de Línea,
que se formó en la Pcia. de Salta en 1815, luego con
el mismo cargo prestó servicios en el 3° Escuadrón de Gauchos de la
Jurisdicción y Campaña de Salta.[100]
“Como
capellán lo asistió al Gral. Güemes desde el momento que lo balearon los realistas
hasta que falleció en sus brazos.”[101]
“…el
Presbítero Francisco Fernández fue desde el principio de la Guerra de la Independencia
un servidor infatigable de la libertad con su persona y su dinero.”[102]
Si
consideramos la importancia de la herida y la distancia que recorrieron, esta
parada fue más que necesaria para que el herido recuperara fuerzas y pudiera
ser acondicionado su posterior traslado.
Nota
2: Respecto del traslado de los heridos, en el tiempo que fue herido el Gral.
Güemes, y sus cuidados, encontré un libro titulado: “Manual de Medicina, de
Cirugía y Farmacia”, del Doctor DEHAUT, de París, 1841, en su apartado 401,
pág. 364, dice: “El modo de transportar a un herido con comodidad y cuidado, es
en los hombros. Por lo regular, es el único recurso que se tiene. Para eso, son
necesarios dos condiciones: un número suficiente de personas, y un objeto sobre
el cual el enfermo pueda reposar en la mejor posición. El mejor aparato para
llenar estas condiciones es una parihuela, con un jergón;...”[103].
Creo que esta cita es interesante, para tener una idea de cómo se acomodaría al
Ilustre Herido para su traslado a un lugar seguro.
“…al
saber su capellán Pbro. Dn. Francisco Fernández tan infausta noticia, montó a
caballo y acompañado del Cap. Dn. Fernando Cabral se fue a buscar al Señor General Güemes habiéndolo
alcanzado en La Lagunilla…; mandando el referido Capellán al Cap. Cabral para que llevase de
la ciudad al médico Dr. Dn. Antonio Castellanos, quien lo asistió hasta que
falleció.”[104]
El
capellán Pbro. Dn. Francisco Fernández, era persona de suma confianza del Gral.
Güemes, aparte de ser su fiel amigo y como capellán del 3° Escuadrón de
Gauchos, al mando del “Señor Comandante General del Ejército de Vanguardia”,
Dn. Martín Miguel de Güemes.[105]
El Cap. Dn. Fernando Cabral, era
miembro de una familia de Rosario de la Frontera, que dio varios oficiales que
se destacaron en las acciones bélicas de la Guerra de la Independencia. Este
oficial ingresó como Alférez de la 2° Compañía del 2° Escuadrón de Gauchos de
la Frontera de Rosario en 1818, habiendo alcanzado el grado de Capitán, pasó
por orden del Gral. Güemes a prestar servicios en la 2° Compañía del 3°
Escuadrón de Gauchos de la Jurisdicción y Campaña de Salta, que comandaba.[106]
Quizás
por esta circunstancia, de ser un oficial que estaba bajo las órdenes directas
del Gral. Güemes y gozar de la confianza necesaria, es que el Capellán
Fernández, lo comisionó “…para que llevase de la ciudad al médico doctor don
Antonio Castellanos, quién lo asistió…”[107].
El Dr. Castellanos, en esa fecha era el único médico que se encontraba en la
ciudad de Salta. “El Dr. Redhead, médico personal de Güemes, estaba ausente en
Buenos Aires adonde había ido en 1820 acompañando a Belgrano desde Tucumán
donde Güemes lo había enviado al saber de la enfermedad de aquel.”[108]
El
Dr. Castellanos, luego de ser liberado por los realistas del cabildo, donde se
encontraba preso por haber participado de la revolución contra Güemes, había
pasado a su casa de campo, a dos leguas al norte de la ciudad (Castellanos,
nombre que conserva hasta el presente). Hasta allí llegó la partida de gauchos,
comandada por el Cap. Cabral
y lo “arrebató”, para que asistiera al general herido.[109]
Repuestos
de los momentos de aflicción, con la incorporación del Cmte.
Ríos y sus soldados, como así también del Pbro. Fernández, improvisaron una camilla
para transportar al general herido y continuaron la marcha por la “Cañada del
Brete”, en dirección de la finca “Las Higuerillas”. Este camino solo presenta
unas lomadas que se superan con facilidad y luego el camino es llano sin
accidentes, hacia la sala de la finca.
Este
lugar era un sitio seguro, el Sr. Dn. Vicente Toledo, propietario de “Las
Higuerillas”,[110] era un patriota, ampliamente
conocido del Gral. Güemes por haber hospedado a sus gauchos y ser más de una
vez su cuartel de avanzada.[111]
Nota
3: La Finca “Las Higuerillas”, fue un lugar lleno de historia durante la Guerra
de la Independencia. El Ejército Expedicionario al Perú, la atravesó por el “Huaycondo” con todo su parque compuesto de doce piezas de
artillería y cincuenta carretas, en Febrero de 1813,[112]
y en su salsa se alojó, los días 15 y 16 el Gral. Belgrano con su estado mayor.
Desde allí, a sugerencia del Cnel. Gaspar Burgos,
continuaron hasta la Ciudad de Salta por la Quebrada de Chacha-Polla,
dando así una sorpresa a los españoles en vísperas de la batalla de Salta.[113]
Desde este lugar salieron las patrullas de distracción, por el camino de “La
Cruz”.
Durante
la gloriosa “Guerra Gaucha”, fue asiento del comando del Gral. Güemes en varias
oportunidades[114] y los Srs. Toledo, proporcionaron auxilios importantes y sus
campos fueron de pastoreo para la caballada gaucha.[115]
Llegaron
sin mayores inconvenientes a la casa de la sala, esperaron la llegada de un
parte importante de las tropas patriotas y de la partida del Cap. Cabral que conducía al médico
Dr. Antonio Castellanos. Allí el Gral. Güemes recibió los primeros cuidados
médicos.
“Transladado a “Las Higuerillas”, fue atendido con todo
esmero por el Doctor Antonio Castellanos, sin conseguir curarlo, por haber
destrozado la bala algunos órganos internos”[116]
El
Dr. Castellanos pudo hacer el diagnóstico de la gravedad de la herida y
comenzar a pensar que la misma era de muy mal pronóstico.
Pienso
que en todas estas diligencias debe haber pasado más de un día, teniendo en cuenta
las distancias –que no eran cortas, sino de varias leguas-, los cuidados en el
transporte del Ilustre Herido y los medios que se emplearon, considerando que
en todos los documentos y en la tradición oral se menciona una “camilla”,
además debe considerarse la cantidad de portadores que se necesitaron.
Ya
mas organizados y con mayores elementos, vieron los presentes la necesidad de
poner a salvo del enemigo al General Herido, por lo cual reanudaron la marcha
por la “Cañada de la Higuera”, en dirección del puesto de la “Higuera”.
“…en
el paraje de la “Higuera”, cuatro leguas al Sureste del punto de partida, pero
muy desfallecido por la pérdida de sangre…”[117]
Este
puesto se encuentra a la vera del arroyo del mismo nombre, que por provenir de
vertientes de los cerros cercanos tiene agua durante todo el año y con otro que
baja por el abra de la Quesera forman una verdadera “horqueta”.[118]
Nota
4: Podría ser esta horqueta[119],
la que se refiere el Prof. Miguel A. Salom, en su trabajo
del Instituto de San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta –T, VII,
N° 26, pág. 188 – Años 1954/56- al transcribir un documento de 1822; que no
especifica donde estaba situada.
Es
bien cierto, como lo manifiesta en su trabajo, que la misma toponimia
contribuía a la confusión, pero con las modernas cartas, resulta más fácil
ubicar los lugares que se señalan en los documentos, pues en el que el Sr. Salom comenta, no especifica donde estaba situada “La Horqueta”.
En la
zona donde se encuentra el lugar que nos ocupa, hay numerosas juntas de arroyos
que forman horquetas. Si nos circunscribimos a los documentos estudiados, la de
la “Higuera”, sería la correcta.
En
expedientes del Arch. Gral. de la Nación, existen numerosos recibos como el citado
por el Prof. Salom, de auxilios prestados, sobre todo
en la “Comisión de Consolidación Deuda de Guerra”, de 1826, y en la mayoría se
citan lugares, sin especificar donde fueron redactados, lo que se presta a
confusión.
La
situación de este puesto era muy segura y estratégica, porque a espaldas y
corta distancia se comunica con las fincas de “La Cruz” y “La Quesera”; al
frente continuando por el lecho del arroyo se sale a Cobos y al Valle de
Siancas; dirigiéndose por la quebrada de la Higuerilla. Siguiendo por la de la
Ovejería se llega al Mojotoro[120].
Además sus construcciones ofrecían las comodidades necesarias para albergar al
Héroe herido y por su estado, allí hicieron el campamento definitivo.[121]
En
ese sencillo lugar, transcurrieron días de dolor, de profundas reflexiones,
enriquecidos por la postura siempre fiel al sentimiento de libertad y de la
causa suprema de la defensa del suelo patrio. El indomable “Caudillo”, que
yacía tendido en su lecho, rodeado de sus compañeros de armas, mirándolos
fijamente díjoles:
“Voy
a dejarlos ya, pero me voy tranquilo, porque se que tras de mí quedan ustedes,
que sabrán defender la Patria con el valor que han dado pruebas”.[122]
Cuando
el sol del 17 de Junio de 1821, había enviado sus últimos rayos vesperales, en
esa hora otoñal, en la umbría selva, el alma del Grande, volaba al infinito…[123]
V.- REFLEXIONES
I
Creo
que es oportuno realizar algunas reflexiones sobre lo expuesto en el presente
trabajo: las consideraciones hechas sobre la forma como fue herido el Gral.
Güemes, están basadas en un prolijo estudio balístico del arma que usaba la
infantería española en la época de la guerra de la Independencia. Sobre el
particular, hice mención del informe de la “Armería Real de Madrid” (España), y
hay una abundante bibliografía, que me obliga a disentir con lo expresado por
Dn. Miguel Otero, en su informe que dice[124]:
“...cuando iba ya salvo a distancia de una o dos cuadras, hicieron otra
descarga,...una bala perdida le atravesó el cuerpo...”, porque a esa distancia,
las balas no tenían el podes suficiente para causar una herida tan grave, hoy
técnicamente comprobado.
Respecto
a la ruta seguida por el Gral. Güemes herido, si se dirigió hacia donde se encontraba
el resto de su escolta, debió realizar un largo rodeo hasta donde se encontraba
apostada. Si fue colocado en una improvisada camilla, para su transporte hacia
la fina “La Cruz”, me vuelvo hacer esta pregunta:
¿Cómo
no fue llevado al campamento Velarde donde se encontraba el grueso del ejército
gaucho, con todo el estado mayor y a corta distancia?
Todos
los caminos a seguir eran difíciles y se hacía necesario vencer una empinada
cuesta y las sendas alternativas no resultaban aptas para hacerlas con un
herido grave, seguramente shokeado, por la herida
recibida y por el recorrido que realizó a caballo. El camino de la cuesta, era
el camino real y por lo tanto resultaría peligroso, porque seguramente sería el
primero que patrullaría las fuerzas españolas.
Los
tiempos que se señalan en las narraciones, son cortos para recorrerlos
transportando un herido en camilla y las distancias grandes, los que hacía
necesario ocupar muchos portadores. Sobre este asunto en particular, creo, se
hace necesario hacer un estudio y discutir sobre el mismo.
El
destino del Gral. Herido, hipotéticamente era el campamento de Chamical. Me
llama la atención que luego de pasar la fina La Cruz, tomaran la Quebrada del
Indio, que se extiende en dirección noroeste, apartándose del camino de
destino, hasta el paraje de “La Horqueta”. En este lugar es necesario realizar
una investigación utilizando toda la información que existe, tanto documental,
como del ambiente geográfico, sobre una base científica, sobre todo, si en ese
lugar había agua suficiente para mantener un campamento, si existía alguna
construcción que sirviera de reparo, no olvidemos que los hechos se desarrollaron
en el mes de Junio, y en Salta suele ser muy frío y un herido grave como era el
Gral. Güemes necesitaba un lugar de abrigo.
Todo
lo expuesto esta documentado, en lo escrito por historiadores que tomaron la información
oral como base. Pero si recorremos la geografía de los lugares y repasamos los
documentos que cito, seguramente surgirán las mismas dudas que me impulsaron a
hacer este planteamiento.
II
Desde
mediados del siglo XIX, numerosos historiadores, señalaban que el camino seguido
por el Gral. Güemes herido, fue por las fincas “La Lagunilla”, continuando por
“Las Higuerillas”.
Todos
los autores que trataron del tema que nos ocupa coinciden en que el General herido
franqueó el cordón montañoso por la quebrada de Chacha-Polla.
El relato del Cnel. Dn. Eusebio Mollinedo
–que se encuentra en el Arch. Gral. de la Nación, Exp. Militar, 1881- pone muy
en claro que continuaron hacia el este, hasta la posta de “La Lagunilla”. En
este lugar recibió el primer socorro, tomando allí resoluciones importantes
para la organización de su traslado y la reunión con su escolta.
La
notificación de los acontecimientos ocurridos al campamento principal de Velarde
y el pedido al Capellán Dn. Francisco Fernández, para que acudiera al lugar
donde se encontraba el Ilustre Herido. Este presbítero comisionó al Cap. Fernando Cabral, para que
llevase al médico Dr. Antonio Castellanos donde se encontraba el General, para
que lo atendiera, tarea que cumplió con destacada eficiencia.
El
camino que recorrieron, en una etapa más hasta la sala de la “Finca Las Higuerillas”,
fue relativamente fácil por la “Cañada del Brete”, luego de una lomada el resto
es todo llano, lo que se hizo sin problemas transportando un herido grave. En
la sala recibió el cuidado del Dr. Castellanos, quien pudo hacer el diagnóstico
de la gravedad de la herida del Gral. Güemes.
Esta
casa propiedad del Sr. Dn. Vicente Toledo, era un lugar seguro, porque esta familia,
siempre se encontró al servicio de la patria y prestó importantes auxilios al
Gral. Güemes.
Para
mayor seguridad, luego de una prudente estadía, se resolvió continuar la marcha
por la quebrada de la Higuera, pero al llegar al puesto del mismo nombre –de la
“Higuera”- con el General muy desfallecido, se resolvió realizar un alto y
hacer campamento.
En
este puesto había una casa confortable, un arroyo con el agua necesaria y potreros
donde la caballada pudiera pastorear. Hoy se pueden observar los antiguos
cimientos de la casa y lo que fueron los potreros y aguada.
Aparte
de ofrecer este lugar todas las comodidades para un campamento, su ubicación
geográfica, era estratégica, por las vías de comunicación y su defensa en caso
necesario.
Creo,
atendiendo a la documentación consultada, que en este lugar, de “La Higuera”,
falleció el Gral. Martín Miguel de Güemes, el 17 de Junio de 1821.
VI.- Colofón
Todo
lo aquí expresado, es el resultado de una investigación personal, realizada con
el mayor rigor científico –la historia es una ciencia y su razonamiento no
escapa a ella-, apoyada en toda la documentación que pude consultar sobre el
tema: “El Camino del Gral. Güemes Herido”, en archivos y bibliotecas de Salta,
Buenos Aires y otros lugares del país. Debo agradecer al informe de la “Armería
Real de Madrid” y de la firma “Llama” de Vitoria – España; a la ilustración que
pude sacar sobre la tradición oral; a los autores que trataron el tema, y a un
prolijo reconocimiento geográfico de los lugares donde se desarrollaron los
hechos.
No
puedo dudar de la honorabilidad y la hombría de bien de los Señores que integraron
la comisión para determinar el sitio de muerte del Gral. Güemes, ellos no
contaron con los medios de información de hoy, pero su tarea fue fecunda. Para
ellos mi mayor respeto.
A
todos –que no son pocos- que se ocuparon de este tema, mi agradecimiento, por
haberme brindado ilustración.
A
todos los que me ayudaron en esta tarea, en especial al personal del Archivo y
Biblioteca Históricos de Salta, del Archivo y Biblioteca Dr. Atilio Cornejo,
del Archivo Histórico del Arzobispado de Salta, del Archivo General de la
Nación, Biblioteca Nacional, Academia Nacional de la Historia y todos los
lugares con documentación histórica que visité, mi agradecimiento por su trato
tan cordial.
Salta, setiembre del 2003

Foto 1.- Panorámica de la “Cañada del Brete”

Foto 2.- Sala de la Fca.
“Las Higuerillas”
Fuentes Documentales
Archivo
General de la Nación – Buenos Aires
Archivo y
Biblioteca Históricos de Salta – Salta
Biblioteca
Nacional – Buenos Aires
Academia
Nacional de la Historia – Buenos Aires
Archivo y
Biblioteca Dr. Atilio Cornejo – Salta
Archivo del
Arzobispado de Salta – Salta
Instituto de
Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Rabignani –
Buenos Aires
Archivo
General del Ejército Argentino – Ministerio de Defensa – Buenos Aires
Real Armería
de Madrid – Madrid – España
Museo de Armas
“Llama” – Vitoria – España
Bibliografía
Textos del
Siglo XIX
-
Puch Dionisio –“Bibliografía
del Gral. Martín Miguel de Güemes”
Imprenta del Comercio – Lima (Perú) – 1847
-
Dhaut Doctor – “Manual del Medicina y cirugía”
Ed. F. Malteste
et. Cie. – Paris (Francia) – 1848
-
Gorriti Juana Manual –
“Güemes. Recuerdos de la Infancia”
Ed. Lima
(Perú) – 1858
-
Mitre Bartolomé – “Belgrano y
Güemes”, Estudio sobre la Revolución Argentina.
Ed. Bs. As. –
1864
-
Vélez Sarsfield
Dalmacio – “Rectificaciones Históricas”
Ed. Bs. As. –
1864
-
Yanzi Zacarías Antonio – Apuntes Históricos, Acerca de la Vida Militar
del “General Güemes”
Imprenta de La Nación – Bs. As. 1883
-
Carranza Ángel Justiniano –
Homenaje al “Gral. Martín Miguel de Güemes”
Ed. Salta –
1885
-
Olivera Cesar Filiberto de –
“Güemes y sus Gauchos”, Escenas de la Independencia Argentina
Félix Lajouane,
Editor – Bs. As. – 1895
-
Aráoz de Lamadrid
Gregorio – “Memorias”
Ed. Madrid,
Biblioteca Ayacucho – Bs. As. 1895
Bibliografía
II
-
Frías Bernardo – “Historia
del General Martín Güemes”
Y de la Provincia de Salta, o sea de la Independencia Argentina
Ed. Desalma –
Bs. As. – 1973
-
Cornejo Atilio – “Historia de
Güemes”
Academia Nacional de la Historia
Ed. Espasa – Calpe Argentina – Buenos
As. – 1946
-
Güemes Luis – “Güemes
Documentado”
Ed. Plus Ultra – Bs. As. – 1979
-
Solá José Vicente –
“Diccionario de Regionalismos de Salta”
Ed. Plus Ultra – Bs. As. – 1945
-
Peña Manuel – “Martín Miguel
Güemes”
Imprenta Argentina – Córdoba – 1911
-
Ed. W. B. Saunders Co. –
-
Orellana David G. – “Güemes y sus Gauchos”
Ed. Salta
Heroica – Bs. As. – 1921
-
Otero Miguel – “Memorias” “de
Güemes a Rosas”
Sociedad Impresora Americana – Bs. As. – 1946
-
Solá Miguel – “Las Milicias
de Güemes”
Colección “Guardamonte” – Salta – 1963
-
La Prensa (Diario) – Bs. As.
– Junio 1921
-
La Nación (Diario) – Bs. As.
– Junio 1921
-
Solá Ricardo Gral. –
“Biografía Militar de Gral. Martín Güemes”
Talleres Gráficos del Inst. Geog Militar
Bs. As. – 1921
-
González Arrili
Bernardo – “Güemes”
Rev. Nosotros – T. 38, N° 145 – Bs. As. – 1921
-
Dávalos Juan Carlos – “La
Tierra en Armas”
Ed. - Bs. As. – 1926
-
Castilla Manuel J. – “Muerte
de Güemes”
Bol. Inst. S.
Felipe y Santiago de Est. Hist. de Salta – T. I, N° 2
– 1938
-
Colmenares Luis O. – “Martín
Güemes”, El Héroe Mártir
Ed. Ciudad
Argentina – Bs. As. – 1998
-
Figueroa Güemes Martín G. –
“La Gloria de Güemes”
Imprenta de la Unv. Nac. del Litoral –
Santa Fe 1955
El 17 de junio se cumplió el acto académico del Instituto
Güemesiano de Salta, cuya apertura estuvo a cargo de la vicepresidente,
profesora doña Ercilia Navamuel, la conferencia estuvo a cargo de la doctora Marta de la Cuesta Figueroa.
LOS GOBERNADORES GÜEMES
Mucho han discutido teóricos políticos,
psicólogos e historiadores sobre la actuación de la descendencia de los hombres
destacados en diversos campos del conocimiento y de las artes o de la política
¿heredaron los hijos las condiciones de sus padres para mandar, organizar, actuar?.
¿Depende de las condiciones en que se dan sus actuaciones?. Son los
descendientes un pálido reflejo de sus mayores?. ¿Porqué?
Hoy que el estudio de los genomas humanos
están tan adelantados, sabemos de la importancia de la herencia biológica y
genética. Pero...se hereda con mayor facilidad las fallas que las virtudes.
Carga pesada para los descendientes de un
gran hombre como Güemes o San Martín. Nunca igualarán a su antecesor por
brillantes que sean porque aunque hayan heredado muchas condiciones de mando
hay otras circunstancias que pueden opacar su actuación.
Por otra parte, tampoco son todas las
etapas históricas iguales. Cambian las circunstancias, las mentalidades; lo que
es aceptable en una época no lo es en otras.
Se habla de familias brillantes porque
sus miembros siguen un patrón común de conducta y se desenvuelven en la vida
con éxito. Un médico, un abogado, un profesional de nota puede tener un hijo
que siga su camino y que se destaque igual que el padre o el abuelo.
Por cuando se trata de un líder, un gran artista, un
pensador, etc. es muy difícil que el hijo iguale al padre, no porque sea menos
inteligente sino porque es otro, el ejemplo no crea genialidad, actúa en un
medio distinto, tiene que salvar distintos obstáculos.
Un caso peculiar es el de los Güemes:
padre, hijo y nieto gobernaron Salta durante el siglo XIX, en situaciones
diferentes pero con coincidencias muy curiosas.
El primero es el general Martín Miguel de
Güemes, nuestro máximo referente histórico, sobre el que se ha escrito ríos de
tinta y que ha merecido la atención de tantos estudiosos. Despierta su persona,
además de admiración y respeto, interés y curiosidad. Quizá no sería una mala
idea hacer una historia de Güemes, simple, que se pueda recordar con facilidad
y se pueda seguir cronológicamente como un apunte de estudio. A veces, nosotros
la complicamos en el afán de analizar su ideario político y sus batallas.
Martín Miguel de Güemes gobierna Salta
durante casi 6 años, tal vez los más difíciles de la época de la guerra de la independencia.
Tuvo que vivir todo: una elección inédita, popular, una revolución en la que
fue depuesto y a la que él sofocó, otra invasión realista y finalmente la muerte.
En 1859 su hijo, Martín, será nombrado
gobernador sustituto y después propietario. Es otra época, se vive otra
realidad; es la etapa de la organización nacional.
Y a finales de siglo, un demasiado joven
Martín Güemes, el nieto, será elegido gobernador. Es una etapa de empuje, de
florecimiento económico.
Tres Güemes, uno cada 30 años. Veamos muy
rápidamente la actuación de cada uno de ellos como gobernantes.
Cuando nació Martín Miguel de Güemes,
eran los tiempos de la Gobernación Intendencia que tenía a Salta como capital
de esa creación borbónica. Era una ciudad progresista, no se destacaba por lo
lujosa, pero sí por lo elegante y estable. Se había enriquecido gracias al comercio
y su clase alta era solvente y culta. Martín Miguel, nacido en Salta en febrero
de 1785, es el segundo de los hijos del matrimonio formado por don Gabriel de
Güemes Montero, un español, Tesorero de las Reales Cajas y doña Magdalena
Goyechea y de la Corte, hija del Maestre de Campo y Teniente de Gobernador de
Jujuy, don Martín Miguel de Goyechea. Nueve hijos tendrá este matrimonio: José
Manuel, el único que nació en Jujuy, Martín Miguel Juan de Mata, Magdalena Dámasa; Francisca, Gabriel; José; Benjamín; Isaac;
Napoleón. Nueve fueron los Güemes Goyechea, y crecieron disfrutando de su
posición y del amor y dedicación de sus padres. Eran los tiempos tranquilos de
la Intendencia, que no hacían sospechar los cambios que llegarían con el nuevo
siglo.
La casa paterna, era una casa de señores,
con servicio de indios y esclavos, que contaba, además de un mobiliario elegante,
de una biblioteca importante que seguramente fue utilizada para la educación de
los jóvenes de la familia Güemes.
Desde los 14 años Martín Miguel comenzó a
servir en el ejército del Rey, ingresando como cadete en el Regimiento Fixo. En 1805 se trasladó a Buenos Aires, para recibir
instrucción militar y en 1809 se reincorporó a Salta.
Fue un soldado del rey, pero en 1810 se
volcó como todos los jóvenes criollos a la causa de la Patria. Así, organizó un
escuadrón de 60 jinetes y posteriormente en Jujuy formó la “Partida de
Observación” y luego creó el Escuadrón de Salteños, con el que se incorporó al
Ejército Auxiliar del Norte, integrando su vanguardia.
Desde 1810 a 1815 tuvo oportunidad de
hacer uso de sus conocimientos militares y poner de manifiesto su valor y sus dotes
de estratega. Su nombre era conocido; no todas fueron victorias, pero el
prestigio de Güemes, su valentía y su don de gentes lo hicieron acreedor de la
confianza de la población. El 6 de mayo de 1815, el Cabildo salteño designó
Gobernador y Capitán General de Salta al entonces Coronel Martín Miguel de
Güemes, elegido popularmente con anterioridad.
Güemes gobernará Salta desde el día en
que fue elegido hasta junio de 1821. Son casi seis años en los que pueden encerrar
su vida toda. Son los peores años de la guerra, guerra que no le permite lograr
una acción de gobierno que él hubiera querido protagonizar. La Historia se
escribe con los hechos que han ocurrido y no permite disquisiciones:...si esto
hubiera sido distinto, se hubiera podido realizar tal o cual cosa. A pesar de
la dureza de esos años, Güemes puede dedicarse a su vida personal, se casa con
Carmen Puch, al decir de muchos, la joven más linda de Salta. Con ella forma
una verdadera familia, y tiene tres hijos varones. A pesar de las vicisitudes
de la guerra hay tiempo para amarla y protegerla, escribirle encendidas cartas
que tienen respuestas domésticas, con algunas líneas de romanticismo.
Su obra de gobierno es subsistir: no hay
obras públicas: solo pedidos de caballada y alimentos; no hay economía saneada;
sólo utilizar lo que se pueda y lo que no en la mantención
de la tropa.
Difícil es para Güemes tomar decisiones
que lo tornan impopular. Pero sabe que si favorece a los comerciantes, sus amigos,
sus parientes, en detrimento de los gauchos, la guerra fracasará.
Lo atacan por todos los flancos. En
Tucumán, en Humahuaca, en la misma Salta los notables –sus amigos- son sus enemigos.
No es fácil continuar, pero continúa, hasta que una bala enemiga lo atraviesa y
muere el 17 de junio de 1821, dejando a Salta tomada por los realistas y a los
salteños hundidos en la confusión y el miedo.
Un tiempo se ha cerrado. Otro, que
intentará organizar las instituciones ha comenzado. Es la segunda etapa de la
Época Patria y durará hasta 1855.
Fue el primogénito del matrimonio del General Martín
Miguel de Güemes y carmen Puch. Nació el 15 de septiembre de 1816, en la casa
quinta “La Carmen de Güemes”, nació el 15 de septiembre, por lo que se le
impuso el nombre “del Milagro”.
El primer hijo es especial y Martín del
Milagro lo fue. El general Belgrano se refiere a él como “Martincillo” y le
envía saludos y cariños; lo mismo hacen otros importantes hombres que dirigirán
la guerra de la Independencia, como su padre. Carmen, su madre, tierna y dulce,
cuenta sus desventuras de niño: una fiebre, una diarrea. Y Güemes lo llama “mi
ñatito”. Mucho amor para los hijos en este joven matrimonio. Es por eso que durante
sus primeros 5 años de vida, a pesar de la inestabilidad que suponía la guerra
y la constante tensión, el niño estuvo rodeado de amor y de cuidados. Pero en
1821 murió el padre y eso supuso un cambio total en su vida. En primer lugar su
madre “la divina Carmen“perdió no sólo a su marido sino también a su tercer
hijo. Y no lo resistió. Murió meses después de la muerte de Güemes.
Martín y Luis, los hijos del matrimonio
Güemes Puch quedaron al cuidado de las tías maternas. El recuerdo de Güemes
encendía pasiones encontradas. Pocos se mostraban a favor del general. El
escenario político, en vez de tranquilizarse, se hizo peligroso. Los Puch,
emigraron a Lima y con ellos llevaron a los niños Güemes. Hubo un intento de
volver a Salta durante la época de Rosas y Martín lo hizo con sus tíos Dionisio
y Manuel Puch. Pero no eran aún tiempos propicios.
Escuchemos a Bernardo Frías describir la
personalidad del hijo de Güemes: “Era en su educación social como una dama. Los
salones de Lima le habían procurado la elegancia y fineza de los modales y
expresiones; expresiones y modales que los venía a encontrar casi iguales, en
los salones de Salta; considerada todavía como el centro más culto y más fino
de la sociedad argentina”.
Cuando regresó a Salta, se casó como dice
Frías con “una de las jóvenes más preciosas de la sociedad de Salta, que se
distinguía también por su elegancia para lucir sus esbeltas formas a
caballo...”. Era su prima hermana Adela Güemes Nadal, hija de Napoleón, el
menor de los hermanos del general Güemes y de Benedicta
Nadal, hija de Juan Nadal y Guarda. El matrimonio se efectuó el 20 de diciembre
de 1856.
No actuó Martín Güemes en la función
política hasta los 40 años de edad, en que ocupó un lugar en la Sala de Representantes,
siendo electo Presidente de la misma.
Desde el 5 al 19 de octubre actuó como
Gobernador Interino en ausencia del Gobernador Propietario Gral. Rudecindo Alvarado.
El 12 de octubre de 1856 se eligió como
gobernador de la provincia a Dionisio Puch.
Una enfermedad que no pudo atender a
tiempo hizo perder la vista a Puch y la Legislatura en sesión extraordinaria de
6 de junio de 1857, nombró gobernador propietario a su Vicepresidente 1ª Martín
Güemes Puch, quien expresó: “...si no consultara mas que la suficiencia que se
requiere para conducir con acierto nuestros negocios locales al fin determinado
por la Constitución, mi espíritu desalentado oiría la responsabilidad de mi
corazón en este momento solemne, y temo que esa responsabilidad para mi más
grave aún, si rehusar al puesto a que soy llamado”.
Acompañaron en la administración de
Martín Güemes, el Dr. Benjamín Villafañe y también don Pío Tedín, don Gumersindo
Ulloa y don Casiano J. Goytea.
Se descubrió una tentativa de revolución
en Salta, pero el Juez de Letras Dr. Celedonio de la Cuesta, falló el 2 de
julio de 1857, sobreseyendo a los sospechosos. La Cámara de Justicia, compuesta
de los Dres. Dávalos, Carenzo
y Orihuela confirmo el auto pronunciado en todas sus partes.
Gobernó hasta el 10 de junio de 1859.
Murió de un síncope. Tenía 43 años.
Nacido en Salta en 1858. Único hijo de Martín Gabriel
y Adela Nadal. Su nombre recordaba a su padre y a su abuelo y a su bisabuelo
Martín Miguel de Goyechea y a su bisabuelo Gabriel Güemes Montero y a Gabriel
Güemes muerto por los españoles en el Cuzco en 1820. Los primeros años estudió
en Salta, completó sus estudios secundarios en el Colegio de los Padres Jesuitas
de Santa Fe y después marchó a Buenos Aires a estudiar Derecho. En escasos tres
años terminó su carrera de abogado y se recibió en 1881 a los 23 años.
Después de un tiempo se radicó en Salta. La política
lo entusiasmó y a ella se dedicó.
Bernardo Frías dice que era una persona atractiva “Era
un joven de estampa mediana, blanco, de pelo castaño, casi rubio, de frente
espaciosa y elevada y de un mirar franco, inteligente, de un fondo amable y
casi casi risueño”. Su contextura era robusta; vestía
con elegancia, ostentaba una generosidad o desprendimiento como pocos. Llevaba
la barba castaña y bien formada, llena y en punta, como comenzaba a ser la
moda; el pecho alto, la estampa erguida. En su conversación de palabra fácil,
se notaba la tendencia gauchesca, tratando como trataba de imitar, en los giros
y en las comparaciones, la manera de hablar de los gauchos de la “Frontera”,
región llamada de tal, porque lindaba en lo antiguo con los desiertos del
Chaco, poblados por indios salvajes,... en donde tenían las heredades propias
de la familia y que habían sido de los abuelos.
Al terminar el período gubernativo del Coronel Juan
Solá (1883-1886), fue elegido como gobernador de la provincia. Pero surgió un
problema, porque la Constitución salteña requería la edad mínima de 30 años
para el gobernador de la provincia y Güemes tenía 28 años, lo que hizo decir a
unos de los electores: “Pobre provincia en manos del niño Gabriel”.
El colegio electoral estuvo presidido por el Dr.
Celedonio de la Cuesta, quien declaró elegido gobernador de Salta al Dr. Martín
Gabriel Güemes “por elección canónica”.
Sus ministros fueron el Dr. Exequiel
Gallo, de Gobierno; Luis Avelino Costas de Hacienda, después en este mismo
cargo el Dr. Adolfo Martínez; el Dr. David Zambrano (1888) de Gobierno y en
1888 volvió a cambiar el Ministro de Hacienda y eligió al Dr. Juan C. Tamayo.
Al decir de Atilio Cornejo “fue un gobierno activo y
progresista”
Medidas importantes de su gobierno fueron:
1) Problemas sanitarios surgidos a raíz de
la epidemia del cólera.
2) Creación de una Oficina química.
3) Creación de una Junta de sanidad
4) Fundación del Banco de la Provincia de
Salta.
5)
Reformas
de la constitución.